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Alimentación en la desnutrición
La desnutrición no un problema del pasado o que afecte solo a algunos países en vías de desarrollo. En nuestras sociedades muchas personas la sufren, solo hay que saber identificarla para poder prevenirla y tratarla.

Diagnóstico de la desnutrición

Actualizado: 3 de diciembre de 2019

Para diagnosticar una desnutrición, no se valora únicamente el peso, ya que este dato depende de muchas circunstancias personales. Así que una de las herramientas más básicas y sencillas para valorar una desnutrición es a través de una medida llamada índice de masa corporal (IMC) o índice de Quetelet, y que relaciona el peso con la talla de este modo: peso en kilogramos entre talla en metros al cuadrado.

Esta medida, ideada por la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) se aplica únicamente en personas adultas y clasifica el resultado de esta división en:

IMC Diagnóstico
<18.5 Desnutrición
18.5-24.9 Normalidad
25-29.9 Sobrepeso
30-34.5 Obesidad tipo I
35-39.9 Obesidad tipo II
40-49.9 Obesidad tipo III u obesidad mórbida
>50 Obesidad tipo IV u obesidad extrema

Para valorar desnutrición en etapas infantiles se emplean las curvas de crecimiento. Los profesionales que interpretan estas tablas, principalmente pediatras y nutricionistas, valoran la situación de cada niño en relación con su peso y su altura. Las tablas de crecimiento son recopilaciones de datos de edad, peso y altura de muchos niños y varían según los países. En principio, valores por debajo de 3 pueden darnos una pista sobre un estado nutricional a revisar, y esto significa que ese niño tiene un peso o altura por debajo del 3% de la población infantil. Como ya he comentado, los encargados de analizar y valorar esto son los profesionales, por eso es importante acudir a los exámenes de salud.

También es necesario saber si ha habido pérdida de peso de manera involuntaria y en cuánto tiempo ha tenido lugar. Es lo que se denomina el porcentaje de pérdida de peso.

Existen igualmente otros parámetros que pueden acompañar y corroborar el diagnóstico de desnutrición. Por ejemplo, los pliegues de grasa cutánea tomados en distintos lugares del cuerpo:

  • En el brazo; el tricipital y el bicipital.
  • En la espalda; el subescapular.
  • En el abdomen; el abdominal y el suprailíaco.

Las medidas de grasa han de compararse con tablas de referencia. Asimismo, se pueden usar las medidas de circunferencia de brazo, cintura y cadera, principalmente, y así determinar si la parte grasa y muscular tiene unos valores normales para la edad y sexo.

Hay más herramientas que contribuyen al diagnóstico de desnutrición, como el uso de la bioimpedancia donde, a través de un aparato que emite corriente eléctrica a baja intensidad, se determina la cantidad hídrica, grasa, ósea y muscular de un individuo.

También a través de datos analíticos en sangre como proteínas plasmáticas: albúmina, prealbúmina, transferrina, proteína fijadora de retinol o valores inmunológicos: número total de linfocitos, que son valores sensibles al estado nutricional. Si este es deficitario, los valores bajarán y se pueden comparar con los considerados normales.

A nivel práctico, existen varios cuestionarios donde se pregunta al paciente sospechoso de desnutrición sobre diversas cuestiones relacionadas con la alimentación, hábitos nutricionales, peso actual y habitual…, y se puede complementar con valores antropométricos o analíticos. A través de todo lo anterior se determina el riesgo de desnutrición de una persona. Estos cuestionarios de riesgo de desnutrición se deberían emplear, a modo de cribado, en distintos centros donde la desnutrición pueda estar muy presente.

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