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Fagofobia, el miedo a tragar
La fagofobia es un trastorno psicológico que provoca un miedo irracional a atragantarse que impide al afectado comer, y puede causar desnutrición y aislamiento social y aumentar el riesgo de depresión. Aprende a superarlo.
Escrito por Leire Moneo, Periodista experta en alimentación

Síntomas de la fagofobia y consecuencias para la salud

Síntomas de una mujer que no puede tragar

La fagofobia o miedo irracional a tragar pasa factura a los afectados física y psicológicamente, ya que les invade la sensación de que la garganta se estrecha y se cierra, lo que impide incluso el paso del agua. “Una persona que padece este trastorno, cuando come sólo piensa en que se va a atragantar, hasta el punto de que se lo cree y eso le provoca pánico irracional, que le paraliza porque no quieren enfrentarse a esa situación, y por eso dejan de comer alimentos sólidos, descartan todo lo que pueda desencadenar un ahogamiento y optan únicamente por productos líquidos, muy blandos o triturados, como leche, papillas, purés… Pero nada de sólidos”, advierte Cristina Wood, doctora en Psicología especialista en trastornos de la ansiedad y el estrés en el Centro Área Humana de Madrid.

Esta experta recuerda que “la obsesión comienza cuando el miedo a atragantarnos nos obliga a cortar muy pequeños los alimentos más difíciles de tragar, como un filete de ternera, pero eso va más allá y acaba derivando en otros productos como el pan, que lo llegan a mojar en agua para poder tragarlo”.

Los síntomas frecuentes de fagofobia que pueden servir de voz de alarma para detectar a tiempo este pánico a atragantarse son:

  • Inquietud antes de comer: el primer escalón al que se enfrentan los pacientes con este trastorno es la asociación del miedo con el hecho de sentarse a comer. “Pero ese miedo se siente desde horas antes. Tan sólo con pensar que van a tener que enfrentarse a un alimento sólido, eso les crea ansiedad”, asegura Wood, quien advierte de que “cuando la persona asocia ansiedad y miedo con la acción de comer, y eso antes no pasaba, significa que algo está sucediendo y hay que preguntarse por qué para identificar las causas y ser valorado por un especialista”.
  • Ansiedad ante la comida: una vez sentados a la mesa y ante el reto de comer y tragar, “es habitual que las personas con fagofobia sufran los síntomas habituales de un ataque de ansiedad, como sudoración, temblores, hiperventilación, sensación de que falta el aire, escalofríos o sofocos, molestias en el estómago, sensación de entumecimiento en las extremidades… Al ser consciente de alguno de estos síntomas, el pacientes se pone aún más nervioso y entra en pánico, hasta el punto de que se paraliza y opta por no comer”, detalla la experta en psicología.
  • Pérdida de peso significativa: como consecuencia de las sensaciones previas y el ataque de ansiedad que aparece justo antes de iniciar un bocado, los pacientes con fagofobia sufren una importante pérdida de peso en poco tiempo, por lo que es otro de los signos más comunes que pueden ayudar a detectar el problema.

Consecuencias de la fagofobia para la salud

Los síntomas físicos y psicológicos que determinan las características de la fagofobia no pasan desapercibidos en el organismo. De hecho, este trastorno de la ansiedad provoca graves consecuencias en la salud de los afectados:

  • Desnutrición

    Desnutrición

    “La pérdida de peso desproporcionada y rápida provoca problemas muy graves de desnutrición, porque el cuerpo deja de absorber las vitaminas y minerales necesarios”, asegura Wood.

  • Aislamiento social

    Aislamiento social

    El hecho de no querer enfrentarse a la hora de la comida deteriora las relaciones sociales de los afectados, ya que evitan todas las situaciones que implican ese acto. “Dejan de quedar con los amigos cuando hay una comida de por medio, o de visitar a la familia por ese mismo motivo. Todo ello les lleva a aislarse socialmente”, advierte la psicóloga.

  • Depresión

    Depresión

    La aparición de ataques de ansiedad y de pánico ante el acto de comer mete al paciente en un círculo vicioso que aumenta la probabilidad de sufrir depresión severa. “El círculo no tiene fin porque ellos son conscientes de ese miedo, lo que les provoca más ansiedad y más bloqueo, que se suma a la soledad. Todo eso, a la larga, puede aumentar el riesgo de llegar a una depresión grave”, remarca la psicóloga, miembro del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

Actualizado: 20 de Julio de 2018

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