Iñaki Pastor y Jara Acín

Fisioterapeuta pediátrico y psicoterapeuta infantil, autores de '¡Ayúdale a despegar!'
Los expertos en fisioterapia y psicoterapia infantil Iñaki Pastor y Jara Acín nos dan las claves sobre el desarrollo físico y neurológico de los niños y sus necesidades afectivas, y cómo detectar y abordar posibles trastornos.
Entrevista a Iñaki Pastor y Jara Acín
“El apego influye de forma directa en cómo se desarrolla el cerebro del niño, en cómo se crea una visión de sí mismo, del mundo, y de cómo se relacionará con los demás a lo largo de la vida”
Escrito por: Diana Oliver

17/06/2021

La llegada de nuestro primer hijo o hija trae consigo una profunda metamorfosis de nuestras vidas. Cambian nuestras rutinas, nuestras prioridades y hasta nuestros cuerpos, y aparecen dudas y temores nunca antes conocidos. Disponemos de más información que nunca para transitar esta experiencia vital, sin embargo, es precisamente el exceso de información el que aumenta a veces nuestras inseguridades. Iñaki Pastor, fisioterapeuta pediátrico, y Jara Acín, psicoterapeuta infantil, pretenden aportar esa seguridad a las familias a través de ¡Ayúdale a despegar! (Vergara), una guía en la que abordan las dudas más habituales en torno tanto al desarrollo físico y neurológico, como a las necesidades psicoafectivas, algo que, según sus autores, permite que tengamos un enfoque más global. Y lo hacen de una forma muy práctica, para que tanto las familias como todos aquellos profesionales de la salud, la psicología y la educación relacionados con la infancia, dispongan de herramientas para acompañar de forma saludable el desarrollo de bebés, niños y adolescentes y saber detectar posibles complicaciones porque, como nos explican estos expertos, “el problema de los diagnósticos de los trastornos del desarrollo es que se hacen por los síntomas, y no por la causa”.


Entrevista a Iñaki Pastor y Jara Acín, autores de '¡Ayúdale a despegar!'

En un mercado literario saturado por la publicación de libros relacionados con la crianza y los cuidados, ¿qué diríais que aporta este manual que lo diferencia de otras propuestas?

Muchos padres y madres se sienten inseguros en relación con la crianza. ¿Qué necesitan realmente nuestros hijos? Este libro trata de eso y su principal particularidad es la descripción clara del desarrollo infantil, tanto desde sus necesidades físicas y neurológicas, como desde las necesidades psicoafectivas. Esta integración y encuentro entre ambas áreas le dan un enfoque más global. Por otro lado, las recomendaciones al final de cada capítulo diferenciadas para bebés o para niños lo hacen muy práctico para contribuir fácilmente a un desarrollo sin límites de nuestros hijos.

Un correcto desarrollo físico y emocional depende sobre todo de tres importantes apoyos: el movimiento, el tacto y el apego

El libro va dirigido a familias pero, ¿también puede ser útil para profesionales que están en contacto directo con niños y niñas?

El libro va dirigido a familias, pero nos sorprendió la enorme acogida por parte de los profesionales de la salud, la psicología y la educación. Quizá porque con un lenguaje sencillo también es capaz de profundizar y de poner en relación las dificultades de muchos niños con la calidad de su neurodesarrollo. Por otro lado, a los profesionales también les aporta ideas y un vocabulario para acompañar mejor a las familias.

Claves para un buen desarrollo físico y emocional de los niños

¿De qué depende un correcto desarrollo físico y emocional?

Posiblemente de tres importantes apoyos: el movimiento, el tacto y el apego. Hay muchos más, pero estos tres aspectos son determinantes para el desarrollo en todos los ámbitos. La calidad y cantidad de movimiento a través del porteo o el juego, las horas de piel con piel, o las caricias y abrazos, y la presencia disponible y aseguradora. 

¿Qué deberíamos saber a nivel muy básico padres y madres sobre el desarrollo infantil?

Que tiene que haber un equilibro entre proteger y estimular (si está tumbado en una hamaca está poco estimulado, y si está absorto en un teléfono está recibiendo sobreestimulación, pero muy inadecuada). Que el apego influye de forma directa en cómo se desarrolla el cerebro, funcional y anatómicamente, en cómo se crea una visión de sí mismo, del mundo, y de cómo se relacionará con los demás a lo largo de la vida, por tanto, es necesario ofrecerles una presencia consistente, calmada, sólida, que les permita sentir seguridad.

¿Cuáles son los problemas del desarrollo más habituales?

Hay infinidad de problemas de desarrollo, pero pocos diagnósticos médicos. Esto quiere decir que niños muy diferentes a veces se agrupan bajo el mismo diagnóstico porque sus síntomas se parecen, aunque las causas sean muy diferentes. Los problemas más habituales son los ligados a la atención (déficit de atención con o sin hiperactividad), a la comunicación (dificultades de lenguaje), al espectro autista, a la coordinación (desorden del desarrollo de la coordinación) y a las dificultades específicas del aprendizaje (lectura, escritura, matemáticas, etcétera).

Hoy los niños son mucho menos estimulados y son privados de experiencias fundamentales para su desarrollo

En el marco emocional, encontramos sobre todo graves dificultades de autorregulación (están muy hiperactivados, no encuentran la calma), debido a la vivencia de experiencias adversas (abandono temprano, abuso emocional, vivencia de experiencias traumáticas, falta de calma en los progenitores...). En los casos de abandono temprano (adopciones) se observa mayoritariamente una afectación de la capacidad de regulación (sistema límbico y tronco encefálico) y de las funciones ejecutivas (lóbulo prefrontal), que afectan directamente a la capacidad para fijar la atención, memorizar, planificar, organizarse... 

¿Qué signos pueden alertar a las familias de algún problema del desarrollo en sus hijos e hijas?

Ya cuando son bebés hay algunos detalles que pueden necesitar una verificación profesional. Bebés a los que les cuesta mantener la mirada sobre un objeto a partir de los dos meses, que tienen dificultad para mantener la cabeza o el tronco o caminar por encima de los 16 meses, precisarían una evaluación más completa.

Entrevista a Iñaki Pastor y Jara Acín

También hay algunas situaciones que ya son de por sí un factor de riesgo como la prematuridad, el bajo peso al nacer o las hospitalizaciones tempranas. En esos casos, aunque médicamente estén fuera de peligro, el riesgo de problemas de desarrollo es muy importante, por lo que pediatras y fisioterapeutas de pediatría deberían acompañar y controlar ese desarrollo.

Tiene que haber un equilibro entre proteger y estimular. Si está tumbado en una hamaca está poco estimulado, y si está absorto en un teléfono, está recibiendo sobre-estimulación pero muy inadecuada

En el aspecto emocional, una situación clara de riesgo es el abandono temprano. Esta experiencia siempre supone una falla en el desarrollo, que podrá ser menor o mayor en función de lo vivido. Hay que saber que a pesar de que las familias adoptantes están llenas de amor y lo hacen fenomenal, el cerebro no se repara sin la intervención específica de un profesional experto en trauma de apego y que, si no se trabaja, tendrá consecuencias seguras a largo plazo. Por otro lado, niños que presentan ansiedad por separación, mucha angustia, no exploran... requieren de una valoración de la dinámica familiar.

Estimular a los hijos y evitar la sobreprotección

No hablo solo a nivel de familias. Pienso en cómo son los patios escolares, los parques, el ocio que se ofrece a niños y niñas. ¿Son necesarias las situaciones de riesgo (entendido como “riesgo saludable”) para su desarrollo?

Biológicamente desarrollamos capacidades frente a los retos del entorno que existen desde el primer día de vida, como mamar para extraer la leche, o tratar de alcanzar un juguete atractivo con 4 meses de edad. A partir de ahí toda la vida está llena de desafíos y los progenitores han de facilitar el encuentro del bebé y el niño con retos alcanzables. Quizá sería más claro hablar de retos que de riesgos, porque no todos los retos suponen un riesgo en sí mismo y lo que permite avanzar es el reto, y no directamente el riesgo.

Impedir totalmente el riesgo por una aparente seguridad limitará enormemente las capacidades del niño y su fe en sí mismo, pero abandonarlo al riego sin asegurarlo tampoco es la mejor opción

A veces el reto sí puede suponer un cierto riesgo, como subir a un columpio, y ahí es donde la situación se complica. ¿Cómo facilitar el encuentro con el reto de la forma más segura posible? Impedir totalmente el riesgo por una aparente seguridad absoluta limitará enormemente las capacidades del niño y su fe en sí mismo, pero abandonar el niño al riesgo sin graduarlo o asegurarlo tampoco es la mejor opción. Exponer a los menores a un riesgo controlado, sintiendo que tiene la base segura que son sus figuras de apego, les permite explorar el mundo de forma segura, poner en marcha nuevas habilidades, retarse, equivocarse y aprender.

¿Hay una mayor sobreprotección tanto a nivel físico como emocional de la infancia?

En lo físico sin duda. Quizá porque tenemos menos hijos, por desconocimiento, o por miedo, hoy los niños son mucho menos estimulados y son privados de experiencias fundamentales para su desarrollo.

Esta científicamente comprobado que el momento del nacimiento-parto es clave a la hora de poner en marcha el cerebro, el sistema inmune, los sistemas de regulación…

En lo emocional seguimos observando una desconexión relacionada con la falta de conocimiento acerca de lo que necesitan los niños, la falta de tiempo, y la ausencia de experiencias de cuidado seguro en la infancia de los propios progenitores, que deberán aprender a ser unas figuras de apego distintas. En el otro extremo, hay también un movimiento que parece tener al niño como eje central, pero también se observa una desconexión acerca de lo que es apropiado. Por ejemplo, un niño de dos años no debe poder decidir en algunos aspectos. La sobreprotección genera una brecha en la relación porque transmite al niño que no es capaz de hacerlo por sí mismo, y está más dirigida a calmar los miedos de los progenitores que a ayudar realmente al niño.

Problemas de aprendizaje y dificultades de atención en los niños

En las dificultades de atención o de aprendizaje influyen factores prenatales, perinatales y posnatales. ¿Está en nuestra mano evitar esos factores de riesgo? Y de ser así, cómo…

Algunos factores se pueden prevenir, pero otros lamentablemente ocurren y lo que está en nuestra mano es estar más atentos al desarrollo del bebé y del niño. Por ejemplo, a nivel prenatal una buena nutrición, el mantenimiento de la actividad física y el cuidado emocional previenen riesgos de problemas de desarrollo futuros. Pero a veces suceden situaciones estresantes, un problema médico inesperado, o un parto prematuro, que no se podían prevenir. En este momento es cuando hay que ser consciente de que estos acontecimientos pueden convertirse en problemas de desarrollo futuro y podemos activar un mayor control del desarrollo del niño. Esto significa que además de la salud y del crecimiento del pequeño, hay que vigilar de cerca que el bebé consiga sus hitos motores y de desarrollo tanto físico, como manual o atencional. Además, con el conocimiento adecuado los padres pueden hacer una estimulación más frecuente e intensa, estar más presentes, y así compensar las dificultades iniciales.

El problema de los diagnósticos de los trastornos del desarrollo es que se hacen por los síntomas, y no por la causa

Está científicamente comprobado que el momento del nacimiento-parto es clave a la hora de poner en marcha el cerebro, el sistema inmune, los sistemas de regulación... Por eso, poner el máximo interés siempre en proteger el proceso natural de comunicación neurohormonal entre la madre y el bebé, es esencial para que todo discurra favorablemente. En cualquier otro caso, separaciones por cesáreas, incubadoras, intervenciones perinatales..., es preciso reparar en consulta la experiencia faltante que pone en marcha el buen funcionamiento global. Para empezar, favorecer el piel con piel con la mamá y la no separación en el momento del nacimiento es esencial. 

¿Puede haber un sobrediagnóstico de determinados problemas como, por ejemplo, la hiperactividad?

El problema de los diagnósticos de los trastornos del desarrollo es que se hacen por los síntomas, y no por la causa. Esto significa que niños muy diferentes y con necesidades muy variadas podrían tener el mismo diagnóstico. Un ejemplo es el trastorno por déficit de atención. Un niño que fue prematuro y que presentó siempre inmadurez neurológica, un niño maltratado o abandonado, o un niño con exceso de pantallas y desregulación de sueño podrían tener el mismo diagnóstico, cuando obviamente sus necesidades de tratamiento son muy diferentes.

A nivel emocional es fundamental un buen clima en casa, que los progenitores se trabajen sus propios conflictos para no trasladar sus miedos, angustias o bloqueos a sus hijos

Es necesario por tanto una abordaje biopsicosocial de los problemas de desarrollo. En el caso de diagnósticos como el TDAH, es preceptiva una valoración multidisciplinar: neurofisiopediatra, psicólogo clínico, psicólogo educativo y fisioterapeuta pediátrico. Es esencial tener todos estos enfoques en cuenta para poder abordar el caso adecuadamente. 

Por último, ¿cómo saber cuáles son los estímulos ideales para su desarrollo y que sirvan para prevenir problemas en el aprendizaje? 

A nivel físico el desarrollo neurológico se sostiene sobre dos columnas: la estimulación de movimiento y el tacto. Cuanto más son mecidos, balanceados o porteados los bebés, mejor desarrollo de tono, oculomotricidad o equilibrio tienen. Cuanto más son tocados, masajeados, o viven el piel con piel con su madre especialmente, mejor percepción tienen de su cuerpo y mayor seguridad afectiva. Hay muchos otros detalles como pasar mucho tiempo boca abajo jugando, siempre despiertos y vigilados, ser muy expresivos mímicamente con ellos, o estimular su visión, pero los fundamentos son el movimiento y el tacto.

Los conflictos emocionales de los niños tienen mucho efecto en su rendimiento

A nivel emocional es fundamental un buen clima en casa, que los progenitores se trabajen sus propios conflictos y experiencias vividas para no trasladar sus miedos, angustias o bloqueos a sus hijos; estar atentos a lo esperable en cada etapa madurativa para pedir ayuda cuando observemos que hay una dificultad. Saber que algunas dificultades de aprendizaje se heredan, y que los conflictos emocionales de los niños tienen mucho efecto en su rendimiento. 

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