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El bajo peso persistente en la niñez aumenta el riesgo de anorexia

Los niños con un Índice de masa Corporal (IMC) persistentemente bajo a lo largo de la infancia tienen más riesgo de desarrollar anorexia en la adolescencia, y aquellos que mantienen un peso alto, más peligro de bulimia.
Escrito por: Caridad Ruiz

05/02/2019

Concepto de anorexia

Los trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia y la bulimia son enfermedades psiquiátricas crónicas, más frecuentes en adolescentes, sobre todo en las chicas, que pueden poner en riesgo su salud e incluso su vida. Uno de los retos de la medicina es la identificación en la niñez de los chicos y chicas que están en peligro de desarrollar alguna de estos trastornos, para poder tratarlos a tiempo y dar apoyo tanto al adolescente como a su familia. Según una reciente investigación, el Índice de Masa Corporal (IMC) en la infancia podría ser un factor que ayude a descubrir qué niños tienen más riesgo de caer en la anorexia o la bulimia cuando lleguen a la adolescencia.

Así, un estudio publicado en la revista Child and Adolescent Psychiatry, realizado en la UNC Center of Excellence for Eating Disorders de la Universidad de California, ha hallado que un IMC persistentemente bajo en los niños a partir de los dos años, y en las niñas a partir de los 4, puede ser un factor de riesgo para el desarrollo de anorexia nerviosa en la adolescencia.

Los pediatras podrían anticiparse en la prevención de casos de anorexia o bulimia haciendo un seguimiento de los niños con un bajo o elevado IMC persistente en el tiempo

También que, en cambio, el IMC persistentemente alto en las niñas puede ser un factor de riesgo para que en su adolescencia desarrollen bulimia, trastorno por atracón y trastorno de purga. Estos pesos corporales demasiado bajos o demasiados altos en la niñez, según los autores del estudio, pueden atribuirse a factores metabólicos inducidos por la genética, y no solo un problema psiquiátrico.

Señales de alerta temprana para los pediatras

Para este estudio se analizaron los datos de 1.502 personas que participaron en el Estudio longitudinal de Avon sobre padres e hijos en el Reino Unido. Según el director del estudio y profesor de psiquiatría y genética en la Universidad de Carolina del Norte, Zeynep Yilmaz, hasta ahora los médicos no tenían referencias para identificar a los niños en riesgo de desarrollar un trastorno de la alimentación. Pero este análisis les permitió descubrir señales de alerta temprana que indicarían qué chicos podrían padecer en el futuro un trastorno de la alimentación, como la anorexia o la bulimia.

A la vista de los resultados de este estudio, sus autores consideran que los pediatras deberán estar atentos cuando en su consulta se encuentran con niños que se caen y se mantienen por debajo de la curva de crecimiento durante la infancia, porque podría ser un signo de anorexia nerviosa. De la misma forma, deberán vigilar a los niños con un IMC alto porque aumenta el peligro de bulimia.

Los trastornos de la alimentación tienen un origen psiquiátrico, pero también en su aparición influyen otros factores como los socioculturales o ambientales. No obstante, los investigadores señalan que esas desviaciones del peso normal en la infancia aparecen en edades demasiado tempranas para que detrás se encuentre la presión social para adelgazar o hacer dieta. Por lo que los autores de este estudio creen que factores metabólicos provocados por la genética podrían predisponer a esas variaciones en el peso.

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