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Diseñan un nuevo detector de mentiras más fiable que el polígrafo

La Universidad de Granada ha diseñado un modelo de detector de mentiras basado en la termografía de la cara, en el que cuando alguien falsea la verdad la temperatura de su nariz baja, y la de su frente sube.
Escrito por: Caridad Ruiz

14/11/2018

Termografía de la cara de una persona

El mediático polígrafo que se emplea para averiguar si una persona miente, o no, quizás quede olvidado pronto en algún rincón de los dependencias policiales. Científicos de la Universidad de Granada (UGR) han diseñado un método de laboratorio más exacto basado en la termografía del rostro, que ofrece un nivel de exactitud hasta del 80% (un 10% más que el polígrafo) y un 20% de falsos positivos. El trabajo, realizado en el Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento de la Universidad de Granada (UGR), se ha publicado en la revista Journal of Investigative Psychology and Offender Profiling.

El sistema se fundamenta en el llamado 'Efecto Pinocho', que consiste en que cuando una persona miente su nariz no crece, pero la temperatura de la punta de este apéndice desciende entre 0,6ºC y 1,2ºC y, en cambio, la de la frente aumenta entre 0,6ºC y 1,5ºC. Y cuanto mayor es la diferencia de cambio de temperatura entre estas dos zonas de la cara, más probable es que la persona esté mintiendo.

Ansiedad y concentración

Esta respuesta se debe a que cuando una persona no está contando la verdad presenta ansiedad, que se manifiesta en la temperatura de la nariz. Esta conducta también le exige una respuesta cognitiva: al mentir debe planificar las excusas, estudiar el contexto, prever posibles contradicciones…; es decir, el cerebro tiene que concentrarse, lo que provoca un aumento de la temperatura de la frente.

Cuando una persona miente entra en un estado mental y de ansiedad que se manifiesta en la alteración de la temperatura de la nariz y la frente

Para el estudio, los investigadores tomaron una muestra de 60 estudiantes de Psicología de este centro, que se sometieron a las pruebas del termógrafo. En una de ellas tenían que realizar una llamada telefónica, de entre tres y cuatro minutos de duración, a su madre, su pareja, un buen amigo…, y contarles una mentira que hubieran inventado, como por ejemplo que habían visto a un personaje famoso por la calle, o que habían sufrido un accidente de tráfico. Y otro grupo debía realizar una llamada similar contando lo que estaba viendo en ese momento en la pantalla del ordenador: imágenes de cuerpos mutilados y accidentes de tráfico. Ambas situaciones provocaron un estado de ansiedad en los participantes, pero en el primer grupo se observó que se producía el 'Efecto Pinocho', tanto en la nariz, como en la frente, a consecuencia del esfuerzo mental que tuvieron que realizar para urdir el engaño.

No obstante, los investigadores advierten de que la termografía no es un procedimiento definitivo para descubrir a los mentirosos, y afirman que lo mejor sería combinar esta técnica con la que tradicionalmente usa la policía, basada en la entrevista estratégica, con meticulosos interrogatorios acerca de los detalles de lo sucedido o de las intenciones del sujeto, y preguntas trampa.

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