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Células inmunes y flora intestinal, claves para prevenir la obesidad

Células del sistema inmune y una bacteria intestinal –la Clostridia– evitan la acumulación de grasa en el cuerpo y la resistencia a la insulina, por lo que ayudarían a prevenir trastornos metabólicos como la obesidad.
Escrito por: Eva Salabert

29/07/2019

Flora intestinal para prevenir la obesidad

Investigadores de la Universidad de Utah (EE.UU.) han descubierto que una clase de bacterias presentes en la flora intestinalClostridia– y un tipo de células del sistema inmune denominadas células T ayudantes foliculares (TFH) desempeñan un importante papel en la prevención de problemas endocrinos como la obesidad o el síndrome metabólico.

Muchos estudios científicos han evidenciado la importancia de que exista un equilibrio adecuado en el conjunto de microorganismos que conviven en nuestro intestino para tener una buena salud, y el nuevo estudio ha comprobado que las TFH se encargan de estimular a las células inmunes B del intestino para que produzcan inmunoglobulina A (IgA), y que esto impide que se acumule grasa en el organismo o que aparezca resistencia a la insulina.

La bacteria Clostridia ayuda a frenar la expansión de Desulfovibrio, un microorganismo intestinal que, al contrario que la Clostridia, favorece la absorción de los lípidos de la dieta

Los investigadores modificaron genéticamente a ratones jóvenes para inactivar los linfocitos TFH y para que los anticuerpos IgA no se unieran adecuadamente a las bacterias del tracto digestivo, y esto alteró la composición de la microbiota intestinal de los animales, disminuyendo la población de Clostridia, que resulta clave para frenar la expansión de Desulfovibrio, un género de bacteria que, al contrario que la Clostridia, favorece la absorción de los lípidos de la dieta.

Nueva vía para desarrollar terapias contra problemas metabólicos

Al envejecer, y a pesar de haber sido alimentados con pienso normal y no con una dieta rica en grasas, estos ratones desarrollaron trastornos metabólicos como obesidad o esteatosis hepática, además de tejido adiposo inflamatorio y resistencia a la insulina. Con la administración de ciertos antibióticos la flora de los roedores recuperó la normalidad y estos perdieron peso, pero cuando se sustituyó la población de Clostridia volvieron a engordar.

Los autores del trabajo, que se ha publicado en la revista Science, han llegado a la conclusión de que las células TFH favorecen la producción de IgA por parte de las células B, y que esto resulta fundamental para el mantenimiento de la bacteria Clostridia en la flora intestinal. A su vez, la Clostridia impide la expansión de Desulfovibrio, la bacteria que facilita la absorción de grasas.

La cooperación de las células inmunitarias y las bacterias abre según estos especialistas una nueva vía de estudio, que puede ayudar a desarrollar nuevos tratamientos para la obesidad y otras enfermedades metabólicas, como los trasplantes de microbiota fecal que ya se emplean en muchos centros hospitalarios, aunque todavía es necesario desentrañar la base molecular de la interacción entre los linfocitos y las bacterias del intestino.

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