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Vinculan un conservante de los procesados con el desarrollo de autismo

Las mujeres que abusan del consumo de alimentos procesados durante el embarazo podrían estar aumentando el riesgo de que sus bebés desarrollen autismo, debido a la exposición a uno de sus componentes, el ácido propiónico (PPA).
Escrito por: Natalia Castejón

26/06/2019

Mujer embarazada tomando alimentos con conservantes

Consumir gran cantidad de alimentos procesados durante el embarazo podría aumentar el riesgo de que el bebé desarrolle autismo. Así lo ha sugerido un reciente estudio realizado por miembros de la University of Central Florida (EE.UU.) tras realizar varios ensayos en el laboratorio con el fin de conocer cómo afectan algunos componentes de los ultraprocesados a las neuronas de los fetos.

La investigación, que se ha publicado en la revista Scientific Reports, se centró en analizar concretamente el ácido propiónico (PPA), un compuesto que se utiliza con frecuencia en la producción de este tipo de alimentos para alargar la vida útil de los envasados, por ejemplo, o evitando que aparezca moho en los quesos procesados o en el pan industrial.

Altos niveles de PPA dañan las células cerebrales

Los resultados que observaron los investigadores Latifa S. Abdelli, Aseela Samsam y Saleh A. Naser fueron que las embarazadas que presentaron niveles elevados de este ácido, como consecuencia del consumo abusivo de alimentos procesados, aumentaron la exposición de sus hijos al PPA, lo que podría dañar sus células cerebrales.

El ácido propiónico en exceso interfiere en la comunicación de las neuronas de los niños, aumentando el riesgo de autismo

El ácido propiónico altera el equilibrio que existe de manera natural entre las células del cerebro, reduciendo el número de neuronas y aumentando la producción de células gliales, cuya función en cantidades normales es la de proteger y ayudar a desarrollar de manera eficaz las funciones neuronales. Sin embargo, unas cantidades altas se convierten en nocivas para el organismo, causando inflamación y entorpeciendo la comunicación entre las neuronas.

Además, este exceso también acorta y modifica las vías que las neuronas utilizan para mandar órdenes al resto del cuerpo. Todo esto hace que se sea más proclives a tener comportamientos propios de niños con autismo, como problemas de movilidad, actos repetitivos o dificultades a la hora de interactuar con los demás. No obstante, los autores de este trabajo recuerdan que necesitarán hacer más investigaciones antes de sacar conclusiones clínicas.

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