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El miedo a probar alimentos eleva el riesgo cardiaco y de diabetes

La neofobia, el miedo a probar nuevos alimentos, está considerado ya como un trastorno mental. Según un estudio podría aumentar el riesgo de enfermedades crónicas, como la diabetes y problemas cardiacos.
Escrito por: Natalia Castejón

21/06/2019

Mujer con miedo a probar alimentos

La última actualización del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), llevada a cabo por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, incluía un nuevo trastorno, se trata de la neofobia o miedo a probar nuevos alimentos. Ahora un nuevo estudio ha demostrado que aquellos que padecen este problema tienen más riesgo de desarrollar alguna enfermedad cardiaca o diabetes.

La investigación, que se ha publicado en el American Journal of Clinical Nutrition, ha sido realizada por un equipo de la Universidad de Helsinki (Finlandia), la Universidad de Tartu (Estonia) y el Instituto Nacional Finlandés de Salud y Bienestar gracias a 2982 personas entre 25 y 74 años, a las que realizaron un seguimiento durante siete años para conocer cómo afectaba la neofobia a su dieta y a su salud.

La neofobia alimentaria consiste en un rechazo de los alimentos por su aspecto, textura, olor o sabor

Los resultados dejaron ver que la dieta de los pacientes con neofobia alimentaria era de peor calidad que la de los que comían de todo. Concretamente observaron que tenían una menor ingesta de proteínas, fibra y ácidos grasos monoinsaturados, aumentaron el consumo de sal y grasas saturadas, y presentaban más marcadores inflamatorios en la sangre y perfiles adversos de ácidos grasos.

Todos los hallazgos mostraron que la decisión de no probar nuevos alimentos, ya sea por su apariencia, sabor, textura, color u olor puede empeorar la calidad de la dieta y por tanto aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y obesidad.

Neofobia, un problema que comienza en la infancia

Este problema con las novedades en la dieta suele aparecer entre los dos y los seis años, un momento clave en el que los más pequeños empiezan a tomar conciencia de lo que comen. De hecho, unos estudios en gemelos indicaron que el 78% de la neofobia tiene un fuerte carácter hereditario. Sin embargo, creen que el papel de los padres es fundamental para que los niños adquieran unos buenos hábitos alimenticios durante la infancia.

Los expertos recomiendan que si los niños se oponen a comer algún tipo de comida no hay que forzarles, sino que hay que tener paciencia y buscar la manera de que lo coman y entiendan los beneficios de llevar una dieta variada. En caso de que tras varios intentos con esa comida el niño no ceda, será el momento de consultar con un psicólogo para ver si en esa situación está interviniendo el trastorno de neofobia alimenticia y poder tratarla desde un ámbito psicológico y dietético.

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