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Bebés y niños
Enseña a tus hijos a ser ordenados
¿Estás harto de ir detrás de tus hijos recogiendo el desastre que montan cada vez que juegan o se cambian de ropa? Te damos pautas y consejos para enseñarles a ser ordenados en todos los ámbitos.
Escrito por Álvaro Saiz, Psicopedagogo y maestro de educación infantil

Pautas para inculcar el hábito del orden en los niños

Para conseguir que tus hijos sean ordenados, en primer lugar tienes que hacer al niño partícipe de la importancia del orden y del cuidado de los espacios y de los objetos que los ocupan (ropa, juguetes…). Por ello, hay que mostrarle que él también es responsable de ellos y que tiene que tratar de que esté todo bien, como hacen los adultos con los que convive. Esto se relaciona con una pauta esencial para cualquier cosa que vayamos a enseñarles: debemos ser unos buenos modelos de conducta. ¿Cómo pretender que un niño recoja sus juguetes si nosotros tenemos amontonadas nuestras cosas por todos los rincones de la casa?

A parte de ser un modelo de referencia apropiado, seguir estas pautas te ayudará a inculcar en tus hijos el hábito del orden:

  • Crear una tabla (con un cartulina, o una pequeña pizarra) donde el niño tenga apuntadas sus tareas (si no sabe leer, utiliza imágenes o dibujos precisos), es un buen truco para que vaya haciendo cada vez más pequeñas tareas. No sólo será una lista donde comprobar si se hacen o no, y donde se podrá ir controlando sus progresos, sino que tu hijo sabrá qué hacer y cuándo. Esto puede servir para reforzar su conducta cuando vaya cumpliendo tareas durante un periodo de tiempo (han de estar estipuladas previamente) como, por ejemplo, “si hoy recoges todos tus juguetes, podrás tomar tu postre preferido”, “si esta semana haces tu cama todos los días, la próxima semana te leeré un cuento más”. Estos refuerzos se deben ir eliminando, como las tareas que el niño ya tiene interiorizadas, para enseñarle otras nuevas que serán premiadas. Hay que ir poco a poco enseñándole a hacer diferentes cosas (recoger sus juguetes, los platos, la ropa, hacerse la cama, sentarse a estudiar solo…).
  • El lugar de cada cosa debe estar bien definido y lo debe conocer toda la familia. Para el niño al principio será más complicado aprenderlo, pero para facilitárselo puedes utilizar carteles que le ayudarán a encontrar cada espacio. Si el pequeño aún no se ha adentrado en la lectoescritura, tienes una buena oportunidad para ayudarle: al lado de los nombres pon dibujos y así interiorizará que esas letras significan lo que representa la imagen que sí es capaz de reconocer.
  • Las cosas de tu hijo deben estar lo más accesibles posible para él, ya sea en su habitación, o en cualquier otro lugar destinado a guardarlas. Es decir, si no alcanza a la barra donde se cuelgan sus pantalones no podrá recogerlos. Si los juguetes y los libros se colocan en estanterías altas, no podrá llegar a ellos, ni devolverlos a su sitio después de usarlos.
  • Negocia con él dónde guardar las cosas en su espacio personal; no es necesario imponer tu criterio y tu forma de ordenar siempre. Si el niño prefiere guardar las construcciones en un cajón y los disfraces en el de al lado, aceptémoslo, puesto que para nosotros no es importante y para él puede que sí; además, sentirá que toma sus propias decisiones y será más fácil que lo haga. Lo que sí es fundamental es que se mantenga el orden establecido; no se pueden guardar hoy las cosas en un sitio y mañana en otro solo porque al niño le apetezca.
  • Intenta que vea la adquisición del hábito del orden como un juego. Estimúlale tratando de que lo haga más rápido (pero siempre bien), haciendo de esto una pequeña competición contra sí mismo y contra el tiempo. Verá un gran incentivo en tratar de superar sus propios récords. También puedes utilizar música que le guste para que asocie el orden a algo que le resulta placentero.
  • Involúcrate en el proceso de aprendizaje. La actitud del adulto es básica, y debemos mostrarnos participativos, ayudar al niño con las tareas que él solo no puede realizar (ayudar no es hacer), elogiarle cuando lo hace bien, tanto en casa como presumiendo delante de él en la calle para que se sienta más motivado a seguir así, comprobar que está haciendo bien sus tareas acercándote a verlo cada vez que esté hecho…
  • Ser muy concreto y conciso a la hora de pedir cosas al pequeño, sobre todo cuando estamos instaurando el hábito. Decirle: “recoge tu habitación” es una frase demasiado ambigua que puede dejar al niño perplejo mirando a todos lados sin saber exactamente qué se espera de él. En cambio, las instrucciones cortas y precisas son mucho más eficaces: “coloca tus cuentos en la estantería”, “guarda todas las pinturas en el estuche”, “mete las construcciones en su caja”…, y progresivamente verá que así es como tenía que haber seguido la orden de “recoge tu habitación” que pudo resultarle extraña al principio.
  • El nivel de exigencia debe ir aumentando de manera paulatina. Cuando se inicia en el hábito del orden vale más la voluntad que los resultados (que también son importantes). Es decir, si el niño hace las tareas, pero no a la perfección, no nos preocupemos y recordemos que es un niño que está aprendiendo. Nosotros podemos revisar su trabajo y corregir lo que no esté bien. Al fin y al cabo, lo que buscamos es que interiorice las normas; ya las perfeccionará después.
  • Establecer rutinas es otra pauta sumamente eficaz. El niño sabrá siempre qué viene después de lo que está haciendo, y aprenderá que tras comer hay que llevar los platos a la cocina, que después de jugar se tienen que recoger los juguetes, o que nada más cambiarse de ropa deberá guardarla en su sitio o dejarla doblada sobre la silla. Resulta básico el concepto de inmediatez, puesto que se trata de que el niño construya una asociación mental en la que relacione rápidamente desorden con ordenar. No buscamos conseguir un robot que haga todo mecánicamente, sino que aprenda un hábito básico.
  • Recoger, ordenar, limpiar… nunca deben ser un castigo. No hay que hacer que el pequeño asocie este tipo de actividades imprescindibles para él y para la convivencia en sociedad con castigos desagradables, puesto que así tratará de evitarlas siempre.
  • ¿Qué hacer si se niega a recoger? En primer lugar, no recoger nosotros. Si nos gana en este desafío, sabrá que podrá volver a hacerlo otro día aunque tenga que forzar más la situación. Simplemente debemos recordarle que debe hacerlo, e ignorar su conducta para que se canse de enfrentarse a un rival que no encuentra. Por supuesto, también se le debe negar la posibilidad de hacer otras actividades hasta que no cumpla con su deber. El objetivo se resume en que a sus ojos tiene que ser un: “o recoges, o recoges”, pero todo desde la calma, sin gritos, ni choques… esto es educar. 

Actualizado: 30 de Agosto de 2017

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Escrito por:

Álvaro Saiz

Psicopedagogo y maestro de educación infantil
Álvaro Saiz

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'Fuente: 'Imperial College London y la Organización Mundial de la Salud (OMS)''

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