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Mantenerse activo tras un ataque cardíaco reduce el riesgo de muerte

Mantenerse físicamente activo tras recuperarse de un ataque al corazón, por ejemplo caminando enérgicamente durante 30 minutos al día, puede ayudar a disminuir hasta un 39% el riesgo de muerte por cualquier causa.
Escrito por: Eva Salabert

14/11/2019

Hombre realizando ejercicio físico tras un infarto

Practicar regularmente ejercicio físico es muy beneficioso, incluso para aquellas personas que han sufrido un infarto de miocardio, según una nueva investigación realizada por científicos de la Universidad de Harvard, que ha descubierto que los hombres que aumentaron su actividad física desde un bajo nivel antes del ataque cardíaco, a un nivel elevado posteriormente, eran un 27% menos propensos a morir por cualquier causa, en comparación con los hombres que mantuvieron unos bajo niveles de ejercicio.

Los investigadores llegaron a esta conclusión tras analizar los datos de 1.500 varones que habían sobrevivido a un ataque al corazón y que fueron seguido durante unos 14 años, y comprobaron que se cumplía solo en el caso de que estos hombres continuaran con los niveles altos de ejercicio durante unos años, mientras que aquellos que únicamente se ejercitaron durante un breve periodo de tiempo tras el ataque, y después dejaron de hacerlo, no consiguieron esta reducción del riesgo de muerte.

Caminar a paso rápido beneficia la salud cardiovascular

Se consideró como un alto nivel de actividad física realizar al menos 2,5 horas semanales de ejercicio de moderado a vigoroso. Y se observó que los participantes con unos altos niveles de ejercicio antes de sufrir el ataque, y que fueron capaces de mantenerlos tras el mismo, obtuvieron incluso mayores beneficios, ya que presentaron un 39% menos probabilidades de morir por cualquier causa, en comparación con los que hacían poco ejercicio.

Los varones que caminaron al menos media hora al día tras el ataque al corazón fueron un 29% menos propensos a morir

Además, los varones que caminaron al menos media hora al día (210 minutos por semana) tras el episodio cardíaco fueron un 29% menos propensos a morir, y los autores del trabajo –que acaban de presentar sus resultados en la reunión de la American Heart Association (AHA) en Filadelfia– comprobaron que cuanto más rápido era su ritmo al caminar, menor era su riesgo de muerte.

Respecto a si resulta saludable la práctica de ejercicio después de un ataque al corazón, el Dr. Steven Keteyian, director de cardiología preventiva en la división de medicina cardiovascular del Henry Ford Medical Group en Detroit (Michigan, EE. UU.), que no ha participado en el estudio, ha afirmado que realizar ejercicio regularmente tras el ataque es sumamente importante, y que aunque no sustituye la toma de medicamentos, puede convertirse en una ayuda clave para mejorar la salud del corazón.

Keteyian añade que actividades como caminar vigorosamente, hacer jogging, montar en bicicleta, o ir al gimnasio, pueden resultar tolerables y seguras para casi todo el mundo. Sin embargo, los pacientes cardíacos siempre deben realizarse un reconocimiento médico para que un especialista les indique cuándo resulta seguro comenzar un programa de entrenamiento, y cuáles son los ejercicios más recomendables en su caso concreto.

Enfermedad cardiovascular y riesgo de cáncer

Otro estudio reciente, que también se va a presentar en las sesiones científicas de la AHA, ha revelado que las personas que padecen una enfermedad cardiovascular tienen un mayor riesgo de desarrollar cáncer, por lo que reducir al máximo los factores de riesgo cardiovascular con medidas como la práctica de ejercicio físico sería clave además para prevenir el cáncer.

Los investigadores analizaron en este caso los datos de 12.712 individuos con 51 años de edad media, que al iniciar el estudio no padecían ni cáncer ni enfermedad cardiovascular. A lo largo del seguimiento –casi 15 años– se diagnosticaron 1.670 casos de cáncer (19% gastrointestinal, 18% de mama, 16% de próstata y 11% de pulmón).

Al comparar los datos se observó que las personas que habían desarrollado una patología cardiovascular durante el periodo de estudio tenían siete veces más riesgo de sufrir cáncer, en comparación con los que no tenían problemas de salud cardiovascular. Además, los que presentaban niveles elevados de BNP, un marcador que suele estar alto en pacientes con insuficiencia cardíaca, tenían más probabilidades de desarrollar cáncer.

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