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Experiencias positivas en la niñez contrarrestan traumas infantiles

Disfrutar de momentos felices en la infancia compensa los efectos negativos que puede tener a largo plazo sobre la salud el haber vivido traumas en la niñez como muertes familiares, abusos, o el divorcio de los padres.
Escrito por: Caridad Ruiz

20/09/2019

Niños con una infancia feliz

Vivir suficientes experiencias positivas en la infancia contrarresta los efectos negativos sobre la salud de los adultos que tienen las situaciones adversas vividas en la niñez, según un estudio de la Universidad Brigham Young, en Provo (EE.UU.). Un trabajo previo realizado en 1998 concluía que cuando un niño vivía circunstancias funestas su salud se resentía en la edad adulta, pero la nueva investigación señala que las experiencias positivas le protegen, hasta el punto de que cuando un individuo no ha tenido ningún momento gratificante en su niñez, su salud se resiente, independientemente de las situaciones desfavorables que haya tenido que afrontar.

El estudio, publicado en la revista Child Abuse & Neglect, consideraba como experiencias adversas en la infancia el abuso, el abandono, tener un familiar en la cárcel, el alcoholismo, la enfermedad mental, las adicciones, el divorcio de los progenitores o la muerte de un ser querido. Según el profesor Alí Crandall, autor de este trabajo, aunque muchas de estas situaciones adversas tienen que ver con la situación de los padres del pequeño, contar con el apoyo de otros adultos como abuelos o tíos, amigos, profesores o vecinos, ayuda a contrarrestar los efectos perjudiciales, e incide de forma positiva en la salud a largo plazo.

Las relaciones sociales y los horarios regulares benefician al niño

De hecho, entre las experiencias positivas incluían estar rodeado de buenos amigos y vecinos, tener maestros comprometidos, o un cuidador con el que sentirse seguro. También, contar con creencias que den seguridad, sentirse bien consigo mismo, disfrutar de acudir al colegio, y disponer de opciones para divertirse y de rutinas en el hogar que impliquen comidas y horas de sueño regulares.

 Vivir un divorcio o muerte en la niñez puede dañar la salud al llegar a adulto, pero sus efectos adversos se compensan si el menor tiene buenos amigos y experiencias positivas

La investigación encontró que cuando una persona en su niñez tuvo cuatro o más experiencias adversas, pero también había vivido momentos satisfactorios, se redujo el efecto negativo de los primeros sobre la salud cuando llegaron a adultos. Casi el 75% tuvo al menos una experiencia infantil desfavorable, y el promedio fue de 2,67 por persona. En cambio, el porcentaje de las vivencias positivas fue de un 8,15, y un 39% vivió 10 de las mismas. Los investigadores también hallaron que cuando no existían esas circunstancias positivas la salud de los adultos se resentía, sin importar cuántas adversidades hubiesen experimentado.

En el trabajo participaron 246 individuos de entre 19 y 57 años que tenían que responder a una encuesta, con preguntas sobre sus experiencias infantiles Al mismo tiempo, los participantes también respondieron a unas cuestiones sobre su salud. Debían informar de su índice de masa corporal, el consumo de frutas y verduras, la práctica de ejercicio físico, si tenían problemas de sueño, su consumo de tabaco...

Además, ofrecieron información que permitió evaluar su salud mental y cognitiva y valorar sus habilidades de la función ejecutiva (prestar atención, organizar y planificar, iniciar tareas hasta terminarlas, regular las emociones…), y explicaron si pensaban que sufrían estrés o depresión, o si eran capaces de sentir gratitud o de perdonarse a sí mismos.

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