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821 millones de personas pasan hambre, mientras la obesidad aumenta

El hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición afectan cada vez a más personas en el mundo, una de cada nueve, según datos publicados por la FAO, que también advierte del aumento de la obesidad y sus graves consecuencias.
Escrito por: Eva Salabert

17/07/2019

Hambre en el mundo

La edición anual del informe 'The State of Food Security and Nutrition in the World' (SOFI) –'El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo', en castellano'– deja claro que estamos bastante lejos de conseguir el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 2 que pretende acabar con el hambre y la malnutrición a nivel mundial para 2030, y revela que 821,6 millones de personas (una de cada nueve) pasan hambre a diario.

El documento también revela que el 26,4% de la población, es decir, más de 2000 millones de personas, están amenazadas por la inseguridad alimentaria porque no pueden obtener suficientes alimentos nutritivos e inocuos para comer cada día, y ha disminuido tanto la cantidad como la calidad de los que consumen.

La inseguridad alimentaria afecta ya a más de 2000 millones de personas, que no pueden obtener suficientes alimentos nutritivos e inocuos para comer cada día

África y Asia son las regiones del planeta que mejor representan todas las formas de malnutrición, que afecta al 20% y al 11% de su población, respectivamente. De hecho, en el sur de Asia y el África subsahariana uno de cada tres niños padece retrasos en su desarrollo. La malnutrición, sin embargo, no solo se da en países de ingresos bajos o medios, ya que el 8% de los habitantes de Europa y América del Norte también sufre este problema.

La paradoja es que la epidemia de obesidad continúa su avance (ya hay más personas con exceso de peso que las que pasan hambre), y en 2017 más de 38 millones de niños tenían sobrepeso. Incluso en Asia y África, donde también viven casi tres cuartas partes de todos los niños con sobrepeso del mundo, debido en gran parte a una dieta poco saludable.

Causas y consecuencias de la obesidad y la malnutrición

El aumento de la obesidad y la malnutrición se asocia a los productos alimenticios ultraprocesados que contienen demasiadas calorías, en forma de azúcares y grasas no saludables, además de un exceso de sal e ingredientes artificiales, y que son más baratos y accesibles, especialmente para las personas con pocos recursos que viven en zonas urbanas. El sobrepeso es también una consecuencia de la malnutrición, porque no comer lo suficiente durante largos periodos de tiempo puede inducir cambios fisiológicos que favorezcan la ganancia de peso posteriormente.

La malnutrición es un grave problema de salud pública, independientemente de que se deba a la falta de alimentos o a una dieta desequilibrada y rica en ultraprocesados que conduzca a la obesidad y otras enfermedades como la diabetes, las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares o algunos tipos de cáncer, y se estima que cada año mueren cuatro millones de personas en el mundo por causas relacionadas con la obesidad.

Prevenir o reducir el sobrepeso y la obesidad

Prevenir o reducir el sobrepeso y la obesidad es una prioridad para la FAO (Organización de las Naciones Unidas par la Alimentación y la Agricultura) y el Banco Mundial, que han elaborado una serie de estrategias para conseguirlo, resumidas en tres frentes de actuación:

  • Incrementar la cantidad de alimentos saludables disponibles. Para ello consideran necesario controlar los niveles de grasas, azúcares y sal en los productos alimenticios, limitar o prohibir las bebidas azucaradas en los colegios y facilitar que los alimentos frescos lleguen a los mercados.
  • Establecer políticas fiscales y de precios que incentiven a la población para que adquieran alimentos saludables y entregar cupones a las personas sin recursos para que puedan comprar alimentos frescos, y encarecer los productos menos saludables gravandolos con impuestos.
  • Informar a los consumidores para que sepan lo que están comiendo y puedan elegir opciones más saludables. Para ello es imprescindible que el etiquetado de los productos sea lo más completo y comprensible posible. Otras medidas adecuadas consisten en impartir educación nutricional en la escuela, restringir la comercialización de los productos poco saludables destinados a los niños y hacer campañas en los medios de comunicación que promuevan una alimentación equiibrada.

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