El hambre emocional incrementa el riesgo de trastornos alimenticios

El hambre emocional, que consiste en que las personas comen en exceso como respuesta a sentimientos o emociones negativos, es un factor de riesgo para desarrollar trastornos alimenticios como la bulimia, según un estudio.
Escrito por: Natalia Castejón

03/06/2020

El hambre emocional incrementa el riesgo de trastornos alimentarios

El hambre y las emociones están estrechamente relacionados, por eso cuando nos sentimos tristes podemos tener más apetito o, en algunos casos, inapetencia. El hambre emocional –que consiste en comer más, o alimentos poco saludables, cuando experimentamos emociones negativas– aumenta el riesgo de darse atracones y desarrollar trastornos alimentarios, según muestra un estudio realizado por la Universidad de Salzbusgo (Austria) en el que se ha analizado a 80 estudiantes femeninas.

Para obtener los resultados, que se han publicado en la revista Frontiers in Behavioral Neuroscience, los investigadores hicieron un análisis de los estilos de alimentación y los estados emocionales de las participantes, clasificándolas como comedoras emocionales o restrictivas. Para ello contaron con un registro de sus expresiones faciales a través de electromiografía, cambios cerebrales por electroencefalograma y datos proporcionados por las voluntarias, que se recogieron mientras veían imágenes de alimentos después de leer un guión positivo y negativo.

Comer más allá de la saciedad como manera de gestionar las emociones aumenta el riesgo de sufrir trastornos relacionados con la alimentación

Los hallazgos indicaron que las emociones negativas pueden causar respuestas más fuertes en el apetito de las personas clasificadas como comedores emocionales. Además, establecieron que comer más allá de la saciedad como manera de gestionar los sentimientos o emociones es un factor de riesgo para desarrollar trastornos relacionados con la alimentación, como la bulimia.

Manejar las emociones podría evitar trastornos alimentarios

Rebekka Schnepper, una de las autoras del estudio, ha declarado que incluso los individuos con un índice de masa corporal (IMC) saludable pero que comen en exceso por culpa de sus emociones pueden tener un problema de salud. En el registro de los movimientos faciales se observó que los comedores emocionales fruncieron menos el ceño cuando vieron imágenes de comida después de un guión negativo, en comparación con un guión neutral, lo que indica una respuesta de apetito más intensa.

A su vez encontraron que los comedores emocionales consideraban los alimentos más agradables cuando tenían experiencias negativas, que cuando eran neutrales. Por su parte, los comedores restrictivos, aunque prestaban una mayor atención a la comida en circunstancias desfavorables, esto no influyó en su apetito. Los hallazgos podrían ayudar a crear estrategias más efectivas para tratar los trastornos alimentarios, centrándose en el adecuado manejo de las emociones.

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