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Bebés y niños
Educación Infantil al aire libre
Descubre en qué consiste y cómo se desarrolla el modelo pedagógico de educación al aire libre, que apuesta por el aprendizaje en plena naturaleza, con todos los beneficios que conlleva para los niños.
Escrito por Amparo Luque, Periodista experta en embarazo e infancia
Revisado por Philip Bruchner, Impulsor del proyecto Bosquescuela

Metodología de la educación al aire libre

Grupo de niños atiende a sus maestros sentados en el campo

Las clases de matemáticas y lectoescritura se combinan con juego libre, considerado el motor natural de aprendizaje, y pilar de esta metodología.

La metodología educativa al aire libre está adaptada al segundo ciclo de Educación Infantil (niños de tres a seis años) y trabaja con grupos reducidos de alumnos (unos 20-25 niños), en los que se mezclan todas las edades, ya que: “esto enriquece mucho al grupo. Los niños más mayores ven favorecida su autoestima y autoconfianza al poder ayudar a los más pequeños y, para los más pequeños, seguir el ejemplo de los más mayores les lleva a enfrentarse con retos nuevos a través de los cuales se va a producir realmente el aprendizaje”, explica Silvia Corchero, educadora de Bosquescuela Cerceda.

Así, en el día a día escolar en la enseñanza al aire libre los niños adquieren los contenidos curriculares establecidos para esta etapa educativa, fundamentalmente de las áreas de matemáticas y lectoescritura (obligatorias para los niños de cinco-seis años, pero en las que también pueden participar los alumnos más pequeños). A esto se suma que aprenden a comunicarse en inglés.

Pero estas horas de clase se combinan con muchos momentos de juego libre, uno de los pilares fundamentales de esta metodología, considerado el modo más natural de aprendizaje. Según Silvia Corchero, “el juego es fundamental para despertar el interés de los niños y motivarlos. Con él, van construyendo el aprendizaje a través de la modificación, mantenida en el tiempo, de las estructuras corticales del cerebro a nivel neuronal. Despertar su curiosidad y su capacidad de asombro utilizando recursos y métodos adaptados a sus propios intereses, va a favorecer su atención y concentración, y su aprendizaje”.

Mediante el juego libre o espontáneo los pequeños eligen las actividades que realmente quieren hacer y con quién, dónde o durante cuánto tiempo hacerlas. En libertad y con autonomía se relacionan con sus compañeros y asumen los grados de dificultad que pueden y quieren superar. Por tanto, “la programación de clases de una forma vivencial, experimental y lúdica, además de un tiempo suficiente para el juego libre hacen que la educación se pueda adaptar fácilmente a las características y necesidades de cada niño”, concluye la educadora.

En cuanto a los materiales didácticos empleados en la educación al aire libre, se procura que mayormente provengan del medio natural: desde frutos a piedras, arena, hojas de las plantas, cortezas de árboles o restos de animales; casi todo lo que nos dé el medio natural se puede utilizar para aprender. Aunque los educadores se ayudan en ocasiones de libros, pinturas, rotuladores u otros recursos ya elaborados como títeres, cuentos o materiales didácticos plastificados que puedan resistir la lluvia.

Además, a menudo se realizan excursiones fuera del entorno natural cercano a pueblos y ciudades, museos, bibliotecas, centros de trabajo de los padres, etcétera.    

Actualizado: 31 de Julio de 2017

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Escrito por:

Amparo Luque

Periodista experta en embarazo e infancia
Amparo Luque

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Salud en cifras

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se ha multiplicado en 40 años el número de niños y adolescentes obesos en el mundo
'Fuente: 'Imperial College London y la Organización Mundial de la Salud (OMS)''

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