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Aprueban el uso de certolizumab durante el embarazo y la lactancia

La Agencia Europea del Medicamento ha autorizado el uso de certolizumab pegol, un fármaco para tratar enfermedades reumáticas inflamatorias crónicas, durante la gestación y la lactancia, por considerarlo seguro para el bebé.
Escrito por: Natalia Castejón

23/01/2018

Mujer embarazada tomando pastillas durante la gestación

Hasta ahora las afectadas debían abandonar el tratamiento cuando estaban embarazadas o dando el pecho.

Certolizumab pegol –comercializado bajo el nombre de Cimzia– es un tratamiento para las enfermedades reumáticas inflamatorias crónicas que acaba de recibir la autorización de la Agencia Europea del Medicamento (EMA) para poder modificar tu ficha técnica, e incluir en ella a partir de ahora la posibilidad de ser ingerido por las embarazadas y las mujeres que se encuentran en el periodo de lactancia.

Este cambio ha sido posible gracias a los estudios clínicos CRIB y Cradle, en los que se ha analizado qué cantidad del certolizumab era transmitido al feto mediante la placenta, y que han demostrado que son mínimos. Estas investigaciones fueron realizadas con mujeres diagnosticadas con artritis psoriásica, espondiloartritis axial, artritis reumatoide y enfermedad de Crohn, aunque esta última enfermedad no se trata con ese fármaco en Europa.

Han comprobado que la cantidad de certolizumab que pasa de la madre al bebé a través de la placenta o la leche materna es mínima

Único tratamiento antiTNF disponible para embarazo y lactancia

Según Xavier Mariette, jefe de Reumatología del Hospital Bicetre, el certolizumab es el único tratamiento antiTNF –inhibidor del Factor de necrosis tumoral (TNF)– disponible en la actualidad que se puede utilizar durante la gestación y la lactancia, ya que se filtra una cantidad mínima de sustancias al bebé mediante la placenta o la leche materna, por lo que el riesgo de que el niño entre en contacto con esta sustancia y reaccione a ella es muy bajo.

El cambio en la prescripción de este medicamento es muy importante, pues las mujeres con estas enfermedades reumáticas hasta ahora debían abandonar el tratamiento farmacológico cuando estaban embarazadas o dando el pecho, y esto se ha asociado a unas posibles consecuencias graves para la salud tanto de la madre como de su hijo, como un riesgo más alto de parto prematuro, más casos de cesáreas, un peso bajo del bebé, o incluso más probabilidades de sufrir un aborto espontáneo.

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