Los niños que sufren un trauma infantil envejecen más rápido

Los niños que experimentan un trauma por violencia o abuso a temprana edad tienen tres signos biológicos más rápidos de envejecimiento: una pubertad temprana, cambios en la estructura del cerebro y envejecimiento celular.
Escrito por: Natalia Castejón

04/08/2020

Niño con un trauma infantil

Experimentar un episodio de amenaza, violencia o abuso en edades tempranas podría ser predictivo de problemas de salud más adelante en la vida, tanto psicológicos, como ansiedad y depresión, como físicos, diabetes, enfermedades cardiovasculares o cáncer. Así lo explica Katie McLaughlin, de la Universidad de Harvard, que ha hecho un estudio que ha encontrado que, además de todo lo anterior, sufrir eventos adversos en la infancia puede hacer que el cuerpo envejezca más rápido.

La investigación, que se ha publicado en la revista Psychological Bulletin, encontró que los niños que pasan por traumas por violencia o abuso muestran tres signos biológicos de envejecimiento más rápido que los que nunca han tenido estos problemas. Estos son una pubertad temprana, cambios en la estructura del cerebro y un mayor envejecimiento celular a los 18 años.

El cuerpo de los niños que han sufrido un trauma envejece antes para tener más probabilidades de reproducirse en un entorno adverso, antes de fallecer

Estudios anteriores ya indicaban una evidencia mixta entre la adversidad infantil y el envejecimiento acelerado, pero analizaban demasiados traumas, como por abuso, pobreza o negligencia. Sin embargo, McLaughlin y el resto de autores decidieron tomar como base dos tipos diferenciados de problemas infantiles: los generados por la violencia, amenaza o abuso, y los relacionados con la negligencia física o emocional, privación o pobreza, y realizaron un primer metaanálisis de casi 80 estudios, que incluían a más de 116.000 personas, y un segundo de 25 estudios con más de 3.253 participantes.

El cuerpo responde al trauma con una adaptación evolutiva

Los resultados finales dejaron ver que los hechos traumáticos podían afectar al correcto desarrollo del cerebro, haciendo que se reduzca el grosor cortical, aunque de manera diferente en función de la adversidad. Cuando los niños pasaban por un trauma causado por la violencia tenían más delgada la corteza prefrontal ventromedial –encargada del procesamiento social y emocional–, mientras que cuando se debía a una privación, se veían reducidas las redes frontoparietales –relacionadas con el procesamiento cognitivo y sensorial–.

Según explica la autora, este envejecimiento acelerado podría darse como respuesta a una adaptación evolutiva útil, en la que se alcanza antes la pubertad para poder tener más probabilidades de reproducirse en entornos violentos o amenazantes. También el desarrollo cerebral relacionado con el procesamiento de emociones podría ser causa de esta adaptación, pues podría ayudar a la persona a identificar y responder mejor a las amenazas. A pesar de que este ajuste puede haber resultado útil en algún momento de la historia humana, en la actualidad supone un gran riesgo para la salud física y mental.

Este estudio pretende concienciar de la necesidad de llevar a cabo intervenciones tempranas para evitar estos problemas asociados a las experiencias traumáticas, y aunque existen tratamientos psicosociales para tratar estos traumas en los niños, habría que investigar si estas terapias también son capaces de frenar este envejecimiento biológico acelerado.

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