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Pediatras de EE.UU. piden prohibir los azotes e insultos a los niños

La Academia Americana de Pediatría ha publicado una guía sobre disciplina infantil en la que instan a prohibir los azotes y gritos a los niños debido a su nula efectividad y la repercusión negativa sobre su desarrollo cognitivo.
Escrito por: Caridad Ruiz

08/11/2018

Pediatras de EE.UU. piden prohibir los azotes e insultos a los niños

El castigo corporal, las humillaciones y los gritos como medidas disciplinarias para educar o castigar a los niños a la larga aumenta la agresividad en ellos y es ineficaz para enseñarles responsabilidad y autocontrol. Además, puede afectar al desarrollo normal de su cerebro. Estas son algunas de las claras conclusiones que ha lanzado la Academia Americana de Pediatria (AAP) en una reciente declaración política actualizada sobre ‘Disciplina efectiva para criar niños sanos’ en la que propone prohibir los castigos corporales.

Esta guía, dirigida a profesionales sanitarios y educativos, se presentará en diciembre en la National Conference & Exhibition 2018 de la AAP en Orlando y se ha publicado en la revista Pediatrics. Señala que los adultos que estén a cargo de niños nunca deben pegar a un niño, recurrir al azote o a la bofetada y en cambio deben utilizar otros recursos educativos de disciplina positiva para poner límites o redirigir una mala conducta. Hay que tener en cuenta que en algunos estados de EE.UU. el castigo corporal aún sigue siendo legal.

El castigo corporal no mejora el comportamiento

Según la AAP, el castigo corporal y los insultos a corto plazo pueden hacer que el niño sienta miedo, pero pasado el tiempo no mejora su comportamiento y puede provocar comportamientos más agresivos. Según un estudio que se realizó en 5.000 niños de 20 grades ciudades estadounidenses entre 1998 y 2000 publicado en Children and Young Service Review en 2001, los niños pequeños que a los tres años de edad sufrieron azotes más de dos veces al mes eran más agresivos a los cinco y a los nueve años mostraron peores comportamientos.

Los castigos corporales tienen consecuencias negativas en el futuro comportamiento del niño y pueden hacerles más agresivos

Las investigaciones también han demostrado que los castigos corporales, los gritos o las humillaciones verbales pueden elevar el nivel de las hormonas del estrés y causar modificaciones en la estructura de un cerebro que aún se está formando. Los insultos también se relacionan con problemas de salud mental en la preadolescencia y en la adolescencia. La evidencia científica afirma que perjudica a los niños física y mentalmente, y en cómo se comportan en el colegio e interactúan con otros niños.

Reforzar el comportamiento positivo

Según los autores de esa declaración, para educar a un niño es mejor comenzar reforzando y recompensando el comportamiento positivo. Además, los padres deben establecer normas y límites claros por adelantado y ser coherentes en su cumplimiento. En este sentido, la AAP recomienda que se establezcan recursos comunitarios para ayudar a las familias.

También se dirige directamente a los pediatras para que usen su influencia en sus consultas y ayuden a los padres a establecer estrategias apropiadas para la educación de los más pequeños. Sin embargo en una encuesta a pediatras estadounidenses realizado en 2016 señalaba que el 6% de los 787 pediatras que respondieron no rechazaba los azotes y el 2,5% pensaba que podía tener resultados positivos.

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