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La contaminación por ozono troposférico afecta al 85% de los españoles

Un informe de Ecologistas en Acción alerta de que la contaminación por ozono trosposférico ha vuelto a aumentar en España, y que el 85% de la población –seis de cada siete españoles– ha respirado este contaminante en 2018.
Escrito por: Eva Salabert

22/10/2018

La contaminación por ozono

Entre el uno de enero y el 30 de septiembre de 2018 los datos registrados en 472 estaciones de medición repartidas por el territorio español han revelado un aumento en el número de personas expuestas a la contaminación por ozono troposférico; en concreto, entre 0,5 y 1,6 millones de personas más han respirado aire contaminado por ozono en nuestro país, en comparación con los datos que se recogieron en 2015, 2016 y 2017.

El informe de Ecologistas en Acción 'La contaminación por ozono en el Estado español durante 2018' advierte de que, según el valor objetivo establecido por la directiva europea sobre calidad del aire, el 24,6% de la población española –11,5 millones de personas– ha respirado aire contaminado por ozono en lo que va de año. Pero si se tiene en cuenta el valor de ozono troposférico que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), este porcentaje alcanzaría el 85,3%, lo que supone que seis de cada siete personas en España han estado expuestas a este contaminante en niveles superiores a los considerados seguros por este organismo.

El 24,6% de la población española –11,5 millones de personas– ha respirado aire contaminado por ozono en lo que va de año

El documento señala que Castilla-La Mancha, Extremadura, la Comunidad de Madrid y la Región de Murcia son las zonas más contaminadas, mientras que Canarias, Cantabria, Castilla y León y el Valle del Ebro, tienen niveles más moderados de ozono. Este contaminante, además, se desplaza, y se suele concentrar en zonas próximas a grandes ciudades, pero donde el aire se considera más limpio, como la sierra de Madrid, Segovia, Toledo o Guadalajara.

Los riesgos para la salud del ozono troposférico

El ozono troposférico es un contaminante que no procede directamente de las emisiones del tráfico o las industrias, sino que se forma en las capas bajas de la atmósfera a consecuencia de las reacciones químicas de este tipo de contaminantes, especialmente los que proceden de los vehículos diésel, las centrales termoeléctricas y ciertas actividades industriales, así como la radiación solar.

Al tratarse de una sustancia incolora e inodora, pasa inadvertida, sin embargo, tiene consecuencias negativas para la salud, y cuando sus concentraciones son elevadas provoca irritación en los ojos, las mucosas y los tejidos de las vías respiratorias superiores –reduciendo la función pulmonar–, y dolores de cabeza y pecho.

Al menos 14.400 personas en Europa, y 1.600 en España, fallecieron prematuramente por causa del ozono troposférico en 2014

Una exposición continuada al ozono, aunque sea en concentraciones más bajas, también perjudica al organismo, incrementando la incidencia y gravedad de patologías respiratorias como la alergia o el asma, y provocando la muerte prematura de las personas que padecen enfermedades cardiovasculares o respiratorias crónicas.

Contaminación atmosférica

Así, y según datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), en 2014 el ozono troposférico causó la muerte de al menos 14.400 personas en Europa, y en España 1.600 personas fallecieron prematuramente por la misma causa. Los más afectados por este contaminante atmosférico son los adultos mayores, sobre todo los que padecen problemas cardiovasculares o respiratorios (EPOC, asma…) y los niños.

Medidas para reducir la contaminación por ozono

Los expertos de Ecologistas en Acción han reclamado que las administraciones establezcan cuanto antes planes de mejora de la calidad de aire, y que se informe a la población cuando se superen los 180 microgramos por m3. Es importante que los ciudadanos conozcan este dato, porque el aumento del ritmo respiratorio que se produce al realizar ejercicio físico también aumenta la cantidad de ozono que entra en los pulmones, por lo que sería conveniente no practicar deporte al aire libre cuando los niveles de ozono sean elevados.

En cuanto a las principales medidas que se pueden adoptar para reducir este contaminante es necesario disminuir las emisiones del tráfico y la industria, que se consideran precursores del ozono, y para ello se debe priorizar el transporte público, sobre todo eléctrico, facilitar el uso de las bicicletas para desplazarse a las zonas de trabajo o estudio, y mejorar los ferrocarriles interurbanos como alternativa a los coches.

Además, habría que sustituir las centrales termoeléctricas a partir de combustibles fósiles por energías renovables y limitar el tráfico de vehículos diésel. Y también mejorar el aislamiento térmico de los hogares para reducir el consumo de electricidad, y utilizar pinturas al agua, evitando el uso de disolventes orgánicos.

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