La enfermedad celíaca vinculada a contaminantes químicos comunes

La presencia en sangre de elevados niveles de químicos tóxicos de uso común como los pesticidas o los utensilios de cocina antiadherentes se asocia a un mayor riesgo de enfermedad celíaca en niños y jóvenes, según un estudio.
Escrito por: Eva Salabert

12/05/2020

La enfermedad celíaca está vinculada a contaminantes químicos comunes

Una nueva investigación ha descubierto que los niños y adultos jóvenes con elevados niveles de pesticidas en la sangre –especialmente unos plaguicidas químicos llamados diclorodifenildicloroetileno (DDE)– tenían el doble de probabilidades de ser diagnosticados con enfermedad celíaca que aquellos que no presentaban niveles tan altos.

Las personas con celiaquía experimentan graves reacciones intestinales, incluyendo diarrea y sangrado, si consumen alimentos que contienen gluten, una proteína que se encuentra en los cereales (trigo, centeno, avena o cebada). Por ello, el único tratamiento posible es llevar una dieta libre de gluten (sin pan, pasta o bollería).

Las mujeres jóvenes con niveles altos de ácidos perfluorooctanoicos o PFOA fueron entre cinco y nueve veces más propensas a tener celiaquía

La investigación ha sido realizada por científicos de la NYU Grossman School of Medicine, que analizaron los niveles de tóxicos químicos en la sangre de 30 niños y jóvenes de entre tres y 21 años de edad, que recientemente habían sido diagnosticados como celíacos en el Hassenfeld Children's Hospital de NYU Langone (en la ciudad de Nuevar York, EE.UU.).

Los resultados de los test se compararon con los de otros 60 individuos de edades, género y raza similares, y revelaron diferencias de género en el caso de la celiaquía asociada a la exposición a tóxicos. En las mujeres, que son las más afectadas por este trastorno alimentario, una exposición a pesticidas mayor de lo normal las hacía al menos ochos veces más propensas a volverse intolerantes al gluten.

Las mujeres jóvenes con niveles altos de ácidos perfluorooctanoicos o PFOA –presentes en los revestimientos antiadherentes de los utensilios de cocina–, incluyendo productos como el teflón, fueron entre cinco y nueve veces más propensas a tener celiaquía. Los hombres jóvenes, por su parte, fueron hasta el doble de propensos a ser diagnosticados con la enfermedad si tenían elevados niveles en sangre de químicos retardantes del fuego como los éteres difenílicos polibromados (PBDE).

Celiaquía, ¿causas genéticas o factores ambientales?

Leonardo Trasande, coautor del trabajo y epidemiólogo en salud pública, ha afirmado que aunque son necesarios más estudios para demostrar que este tipo de tóxicos químicos son una causa directa de la enfermedad celíaca, todos ellos son conocidos como disruptores endocrinos que afectan a las hormonas en animales y seres humanos, e influyen en el desarrollo sexual y la función del sistema inmunitario para combatir las infecciones.

Muchos trastornos autoinmunes, como la celiaquía, podrían no ser genéticos, sino estar desencadenados por factores ambientales

Estudios previos habían sugerido que la enfermedad celíaca –que afecta a uno de cada 100 adultos en todo el mundo– tenía un origen predominantemente genético y que se heredaba de padres a hijos; de hecho, se considera que las personas con los genes HLA-DQ2 y HLA-DQ8 corren un mayor riesgo de ser diagnosticados con enfermedad celíaca. Pero el equipo de investigadores decidió investigar si existía una relación entre la exposición a tóxicos ambientales y el riesgo de desarrollar trastornos inmunes directamente influenciados por los niveles de hormonas, como la celiaquía.

Jeremiah Levine, profesor en el Departamento de Pediatría de NYU Langone, y otro de los principales autores del estudio, afirma que sus hallazgos establecen por primera vez un vínculo medible entre la exposición a tóxicos químicos ambientales y la enfermedad celíaca. Y que los resultados obtenidos también plantean la cuestión de si existen potenciales conexiones entre dichos químicos y otras enfermedades autoinmunes del intestino, lo que justifica que se realicen estudios adicionales. Según Trasande, si los nuevos estudios muestran conexiones similares, podrían evidenciar que muchos de estos trastornos autoinmunes podrían no ser genéticos, sino ambientales.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD