Nuevas pistas en el cerebro relacionan dolor y conducta alimentaria

Una zona del cerebro que interviene en la toma de decisiones –el núcleo accumbens– desempeña un papel clave en el comportamiento alimentario de los pacientes con dolor crónico y puede influir en el desarrollo de obesidad.
Escrito por: Eva Salabert

14/02/2022

Así afecta el dolor a lo que comemos

Comer es un placer para la mayoría de las personas, y el placer que proporcionan los alimentos tiene que ver con la forma en la que nuestro cerebro responde a lo que ingerimos. Se sabe, por ejemplo, que hay un vínculo entre la comida y el dolor porque es frecuente que las personas que sufren dolor crónico tengan problemas con su peso, y ahora un nuevo estudio puede haber encontrado la razón, ya que sus resultados sugieren que experimentar dolor afecta a los circuitos cerebrales que intervienen en la motivación y el placer.

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El dolor crónico se relaciona con anhedonia (incapacidad de sentir placer) y una reducción de la motivación, y estas alteraciones del comportamiento se han asociado con alteraciones en el cerebro límbico y podrían explicar el mayor riesgo de obesidad en los pacientes con dolor.

La investigación ha sido realizada por científicos del Instituto Del Monte para la Neurociencia y se ha publicado en PLOS ONE. “Estos hallazgos pueden revelar nuevos mecanismos fisiológicos que vinculan el dolor crónico con un cambio en el comportamiento alimentario de una persona”. “Y este cambio puede conducir al desarrollo de la obesidad”, ha declarado el Dr. Paul Geha, autor principal del trabajo.

Conducta alimentaria en pacientes con dolor crónico

Los investigadores analizaron la respuesta del cerebro al azúcar y la grasa. Utilizaron para ello un postre de gelatina y pudín en el que modificaron el azúcar, la grasa y la textura, y comprobaron que ninguno de los pacientes experimentaba cambios en la conducta alimentaria con el azúcar, pero sí con la grasa.

“Estos hallazgos sugieren que la obesidad en pacientes con dolor crónico puede no ser causada por la falta de movimiento, pero tal vez cambien la forma en que comen”

En concreto, los que tenían dolor lumbar agudo y después se recuperaron eran más propensos a dejar de sentir placer al comer pudín y a mostrar señales de saciedad interrumpidas (la comunicación del sistema digestivo al cerebro), mientras que aquellos con dolor lumbar agudo que siguieron sintiendo dolor al menos un año en principio no tuvieron el mismo cambio en su conducta alimentaria.

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Sin embargo, los pacientes con dolor lumbar crónico informaron que, con el tiempo, los alimentos ricos en grasas y carbohidratos, como el helado y las galletas, se volvieron problemáticos para ellos y los escáneres cerebrales mostraron señales de saciedad interrumpidas. “Es importante tener en cuenta que este cambio en el gusto por la comida no cambió su ingesta calórica”, afirmó Geha, que añadió: “Estos hallazgos sugieren que la obesidad en pacientes con dolor crónico puede no ser causada ​​por la falta de movimiento, pero tal vez cambien la forma en que comen”.

A los participantes en el estudio se les hicieron escáneres cerebrales que revelaron que una pequeña zona del cerebro que se denomina núcleo accumbens y que participa en la toma de decisiones puede dar pistas que ayuden a identificar a los individuos que corren el riesgo de experimentar una alteración en el comportamiento alimentario a largo plazo, ya que los investigadores descubrieron que la estructura de esta zona del cerebro era normal en los pacientes que inicialmente experimentaron cambios en su comportamiento alimentario pero cuyo dolor no se volvió crónico. Sin embargo, los pacientes cuyo comportamiento alimentario era normal, pero cuyo dolor se volvió crónico, tenían un núcleo accumbens más pequeño.

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A los autores del trabajo les sorprendió el hecho de que el núcleo accumbens solo predijera las calificaciones de placer en los pacientes con dolor de espalda crónico y en aquellos que se volvieron crónicos tras sufrir un episodio agudo de dolor de espalda, lo que sugiere que esta región cerebral desempeña un papel clave en el comportamiento motivado de los pacientes con dolor crónico. En estudios previos de Geha encontraron que un núcleo accumbens más pequeño puede indicar si alguien tiene un mayor riesgo de desarrollar dolor crónico.

Actualizado: 15 de febrero de 2022

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