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Bebés y niños
Mutismo selectivo
En ciertas situaciones sociales algunos niños dejan de hablar, aunque son capaces de comunicarse en otros contextos. Explicamos a qué se debe el mutismo selectivo, un trastorno asociado a la ansiedad, y cómo se trata.
Escrito por Celia Rodríguez Ruiz, Psicóloga clínica sanitaria, especialista en pedagogía y psicología infantojuvenil

Tratamiento del mutismo selectivo del niño

El mutismo selectivo del niño es un trastorno complejo que puede ir acompañado de otras alteraciones, y que puede confundirse con otros problemas; además, puede tener trágicas consecuencias a corto y largo plazo. Por eso es muy importante una evaluación que delimite el trastorno y sus características, así como un tratamiento adecuado que conlleve la superación de las dificultades que provoca en la vida del menor.

Evaluación del mutismo selectivo del niño

El objetivo de la evaluación es realizar un análisis de todos los elementos que intervienen en el trastorno para obtener un retrato completo del mismo. La evaluación debe recoger:

  • Historia evolutiva, desde el embarazo hasta el momento actual.
  • Valoración del nivel cognitivo.
  • Factores de conducta y emocionales.
  • Valoración de factores de personalidad y adaptación.
  • Habilidades sociales.
  • Valoración del lenguaje y capacidades comunicativas.
  • Valoración de variables familiares, estilos educativos, comunicación familiar, etcétera.

La evaluación nos permite hacer un registro y análisis completo de todos los factores del cuadro de mutismo selectivo y, por lo tanto, nos ayuda a establecer los objetivos específicos para el tratamiento.

Cómo abordar el mutismo selectivo del niño

El tratamiento del mutismo selectivo requiere una intervención específica en cada caso, centrada en las necesidades recogidas tras la evaluación. En líneas generales, todo tratamiento debe enfocarse en el afrontamiento de tres problemas básicos que suelen darse en el trastorno:

  1. La ansiedad ante determinadas situaciones sociales.
  2. La falta de seguridad del niño, sobre todo en entornos y contextos nuevos y ante personas desconocidas, lo que puede ser debido a una escasa experiencia en este tipo de situaciones.
  3. Las actitudes de la familia, que a menudo pueden, en mayor o menor grado, reforzar el mutismo a través de un apoyo a la comunicación no verbal, evitación de las situaciones temidas por el menor, sobreprotección, etcétera.

La intervención psicológica de la inhibición del habla del pequeño debe ser llevada a cabo por un profesional, y engloba los siguientes aspectos:

  • El desarrollo de técnicas para reducir la ansiedad del niño.
  • La exposición gradual a situaciones temidas. El terapeuta programa la exposición a las situaciones que teme el crío. Se trata de ir aumentando las experiencias comunicativas poco a poco para que el pequeño gane seguridad y competencias. Se ha de empezar en un entorno controlado, por una situación que genere poca ansiedad (por ejemplo, el niño habla con la madre en presencia del terapeuta, después habla con el terapeuta en presencia de la madre, después habla con el terapeuta sin la madre…), a medida que supera la ansiedad, se comienza con situaciones y contextos más difíciles.
  • Técnicas de modificación de conducta. Se pueden emplear programas de economía de fichas, o contratos conductuales, para registrar el progreso del niño y aumentar su motivación.
  • Modelado y automodelado. Se trata de hacer de modelo con el niño para que pueda ensayar su conducta en las situaciones temidas.

Consejos a los padres para ayudar a su hijo con mutismo selectivo

El papel de la familia en el tratamiento del mutismo selectivo del niño es muy importante. Algunas pautas al respecto son:

  • Evitar criticar, juzgar, o etiquetar la conducta del niño, así como ridiculizar la falta del habla. Con estas conductas incrementamos el temor del pequeño, aumenta su ansiedad, y se intensifica la inhibición del habla. Además, se reduce su autoestima.
  • Promover la socialización del niño. Sin presionar, pero ofreciéndole situaciones de contacto social con otras personas.
  • Aportarle seguridad y confianza; para ello es aconsejable reforzar sus esfuerzos por relacionarse con los demás.
  • Evitar la sobreprotección, y no reforzar las conductas de inhibición del habla. Es importante dar la oportunidad al niño de comunicarse y de interaccionar con los demás, aunque le cueste y tenga dificultades, ya que de este modo podrá ganar confianza. No se trata de presionar al niño, pero sí de favorecer el contacto social con otros.

Actualizado: 14 de Noviembre de 2017

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Escrito por:

Celia Rodríguez Ruiz

Psicóloga clínica sanitaria, especialista en pedagogía y psicología infantojuvenil
Celia Rodríguez Ruiz

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de reducción de la vacunación del sarampión en niños de 2 a 11 años puede triplicar su incidencia en estas edades
'Fuente: 'Universidad de Stanford y Escuela de Medicina Baylor (Estados Unidos)''

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