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Cómo ayudar a los niños a adaptarse al horario de verano 

El cambio horario de verano ocasiona alteraciones en el sueño y la alimentación, irritabilidad o cansancio en los niños, pero podemos minimizar sus efectos negativos siguiendo unas sencillas recomendaciones.
Escrito por Diana Oliver, periodista especializada en mascotas, maternidad e infancia y vida sana
Niño intentando adaptarse al cambio de horario

Desde hace cuatro décadas, el último fin de semana de marzo adelantamos una hora el reloj para incorporarnos al horario de verano, un cambio que tiene como consecuencia que anochezca más tarde y que los días sean más largos. Aunque se trata de una modificación que puede parecer a simple vista insignificante, afecta de manera especial a los más pequeños, que pueden tardar en adaptarse desde unos pocos días, hasta incluso semanas.

Esto ocurre porque como explica Marta Moraleda, coordinadora de la Unidad de Sueño Materno-Infantil de la Clínica Corachan y miembro de la Sociedad Española de Sueño (SES), el cambio de hora estacional supone un proceso de adaptación cerebral. “El ser humano tiene un ciclo biológico de 24 horas regulado por una serie de relojes internos que responden a estímulos externos, el principal de los cuales es el sol. Cuando se produce el cambio de horario en primavera al levantarnos a las 7 de la mañana, es como si nos levantáramos a las 6 “hora solar”, y los niños son especialmente sensibles a dicho cambio debido a que necesitan un tiempo de descanso más prolongado que el adulto, imprescindible para su correcto desarrollo físico, cognitivo y emocional”, señala.

Niña dormida debido al cambio de horario

Efectos del cambio de hora en los niños

Desde la Asociación Española de Pediatría (AEP) advierten que el cambio de hora puede provocar alteraciones en el sueño y la alimentación, irritabilidad o cansancio en los niños. Añade la experta en sueño Marta Moraleda que debemos saber que los síntomas fundamentalmente son los mismos que se presentan cuando duermen mal: dificultad para despertarse por la mañana, mayor irritabilidad, problemas de humor, cansancio, problemas de concentración y somnolencia durante el día.

El cambio de hora puede provocar en los niños alteraciones en el sueño y la alimentación, irritabilidad o cansancio

Pero hay más. Un estudio reciente realizado por el Servicio de Pediatría de la Fundación Jiménez Díaz, y que ha sido premiado en el VI Curso Salud Integral en la Adolescencia, ha encontrado que el cambio de los horarios de sueño es un factor de riesgo de obesidad en la infancia y en la adolescencia. Esto, según ha explicado en nota de prensa la doctora Teresa Gavela, miembro del servicio de pediatría y del equipo investigador, se debe a que no solo el sedentarismo influye de forma negativa en el grado de obesidad, sino también los patrones del sueño más disruptivos, ya que la desregulación de los horarios de sueño de unos días a otros constituye un factor de riesgo para el aumento de peso.

Niño con sueño debido al cambio de hora

Cabe plantearse también si el cambio de hora afecta especialmente a los niños que tienen algún trastorno mental. Según Moraleda, los niños con trastornos del neurodesarrollo y trastornos conductuales tienen una frecuencia de problemas de sueño más elevada respecto a la población pediátrica general, por lo que el cambio al horario veraniego puede suponer un empeoramiento de sus problemas de sueño.

Cómo mejorar la adaptación de los niños al horario de verano

Aunque el cambio de hora es algo que no podemos controlar, ya que no está en nuestra mano, sí podemos intentar minimizar en lo posible las alteraciones asociadas a esta modificación de las rutinas en niños y adolescentes. La doctora Marta Moraleda nos da una serie de recomendaciones para lograrlo y ayudar a nuestros pequeños a adaptarse mejor al cambio horario:

  • Una semana antes de que se realice el cambio adelantar progresivamente las actividades rutinarias de juegos, comida, actividad física y sueño (por ejemplo un cuarto de hora cada día), para que la transición resulte menos brusca.
  • En cuanto a la hora de dormirse y levantarse, es especialmente importante realizar esta adaptación los días previos. Así, si normalmente el niño suele dormirse a las 9 de la noche, podéis acostarle en los días previos a las 8.45, el día después a las 8.30, el siguiente a las 8.15 y así hasta ir adaptándole al nuevo horario. Proceder igual con la hora de despertarle.
  • Por la mañana es importante aumentar la exposición a la luz solar en su dormitorio y en casa, pues favorecerá su adaptación al nuevo horario.
  • Si podéis, acudir andando los primeros días al colegio o la guardería para favorecer esa exposición a la luz diurna y estimular la producción de serotonina.
  • Realizar una siesta durante las primeras horas de la tarde puede ayudar a disminuir la sensación de cansancio durante el día.
  • Si tu hijo toma alguna medicación, no supone ningún problema adelantar o retrasar una hora la toma correspondiente, siempre que se haga de forma puntual.
  • Se debe recordar que hay que evitar que los menores utilicen dispositivos electrónicos una hora antes de acostarse para un mejor descanso.
  • Por último, ten algo más de paciencia de lo habitual, ten en cuenta que si el cambio horario afecta a los adultos como tú, más aún al ánimo de los más pequeños, que pueden estar más irritable o tener más episodios de rabietas.

Actualizado: 3 de Abril de 2019

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