23 de mayo de 2012
En ocasiones, la placenta se adhiere excesivamente a la pared uterina. Esto es muy poco frecuente y sucede, aproximadamente, en 1 de cada 2.500 embarazos. En el 75% de estos casos, la placenta se adhiere al miometrio (cubierta muscular del útero) y se denomina placenta accreta. La placenta increta y percreta (menos comunes) penetran a mayor profundidad en el músculo uterino o en la pared uterina. La placenta percreta se puede expandir a otros órganos próximos, como la vejiga.
No se sabe cuál es el origen de esta implantación anómala de la placenta, aunque se presenta habitualmente en mujeres que tienen placenta previa, o en aquellas a las que se les han practicado cesáreas o algún tipo de cirugía en el útero con anterioridad.
El principal síntoma de este trastorno es la hemorragia vaginal durante el tercer trimestre del embarazo, y se diagnostica mediante un examen por ultrasonidos.
El parto en las mujeres que sufren este problema suele ser prematuro, mediante cesárea. Tras el nacimiento del bebé, la placenta accreta no se separa totalmente del útero, lo que puede llegar a provocar una peligrosa hemorragia, por ello es preciso extraer la placenta quirúrgicamente y, en la mayoría de los casos, se debe realizar también una histerectomía (extirpación del útero).
Si tu deseo es tener otro hijo y te han podido diagnosticar a tiempo la placenta accreta –esto se puede hacer mediante una prueba de ultrasonido– se puede intentar salvar el útero mediante un procedimiento quirúrgico, aunque no siempre es posible.
ESPECIAL
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Fuente: ‘Fertility and Sterility'