El dinero sí puede comprar la felicidad (según la ciencia)

Un nuevo estudio con más de 4.000 individuos relaciona la felicidad con el dinero, y revela que cuantos más ingresos tiene una persona, más feliz es, y que ahora el nivel de renta es más importante para ser feliz de lo que era en los años 70 y 80.
Escrito por: Eva Salabert

10/07/2020

Mujer con dinero

El dinero no puede comprar ni el amor ni la salud, pero sí la felicidad, o esta al menos es la conclusión de un nuevo estudio realizado en la Universidad de San Diego, que ha encontrado una correlación entre la felicidad y los principales indicadores del estatus socioeconómico –incluyendo los ingresos y la educación– que ha ido aumentando y haciéndose cada vez más fuerte.

Los investigadores utilizaron información de la Encuesta Social General, una de las más extensas realizadas a adultos en los Estados Unidos, para analizar los datos de 44.198 individuos desde 1972 a 2016. Los resultados, publicados en la revista Emotion de la Asociación Americana de Psicología, mostraron que, de media, cuanto mayores eran los ingresos de los que disponían las personas, más felices eran. Esto difiere de los hallazgos de estudios anteriores que señalaban que la felicidad se estabilizaba a partir de una determinada cantidad de ingresos anuales de alrededor de 75.000 dólares (unos 66.000 euros).

La felicidad, más vinculada al dinero ahora que en los años 70-80

Jean Twenge, psicólogo de la Universidad de San Diego y uno de los autores del trabajo, ha explicado que le sorprendió que los ingresos estuvieran tan fuertemente relacionados con la felicidad que su nivel no se estancara en los mayores niveles de renta, sino que tener más dinero parecía equivaler a ser más feliz, incluso después de que las necesidades básicas estuvieran cubiertas.

El nivel de felicidad no se estancaba en los mayores niveles de renta, sino que tener más dinero parecía equivaler a ser más feliz

El nuevo estudio también reveló que la felicidad está ahora más estrechamente vinculada a los ingresos de lo que lo estaba durante los años 70 y 80, por lo que Twenge opina que el dinero, de hecho, puede comprar más felicidad actualmente que en el pasado.

A consecuencia de esto existe una creciente brecha respecto a la felicidad, y el patrón se centra en la raza; la felicidad de los americanos blancos que carecen de estudios universitarios desciende después del año 2000, pero la felicidad de sus homólogos con formación universitaria ha permanecido estable; en el caso de los afroamericanos, la felicidad de los que no han cursado educación superior ha permanecido estable, mientras que la de aquellos con formación universitaria se ha incrementado. Por lo tanto, afirma Twenge, la brecha en la felicidad ha crecido para ambas razas.

Estudios anteriores señalaban que la felicidad se estabilizaba a partir de una cantidad de ingresos anuales de alrededor de 75.000$ (66.000€)

Twenge afirma que no están seguros de por qué ocurre esto, aunque señala que podría deberse a la creciente desigualdad en los ingresos, ya que los ricos son cada vez más ricos, y los pobres son cada vez más pobres. Otra posible explicación, según él, estaría asociada al matrimonio, porque antes las tasas de matrimonio eran similares entre los americanos con menores y mayores ingresos, y ahora aquellos con rentas más bajas tienen menos probabilidades de casarse y, supuestamente, la gente casada es más feliz de media.

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