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Asocian la contaminación y el clima adverso a las fracturas de cadera

Los adultos mayores tienen más riesgo de sufrir una fractura de cadera osteoporótica en los días que hay mucha contaminación atmosférica, y en otoño e invierno se producen más casos de este tipo de rotura ósea.
Escrito por: Natalia Castejón

23/01/2019

Fractura de cadera

Los días en los que la contaminación atmosférica es elevada y en los meses de otoño e invierno aumenta el riesgo de las personas mayores a sufrir una fractura de cadera osteoporótica, según ha dado a conocer la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) de Madrid, tras haber realizado dos estudios para comprobar cómo afecta la estacionalidad y la calidad del aire a la rotura de huesos en la tercera edad.

Las investigaciones, publicadas en las revistas Osteoporosis International y Archives of Osteoporosis, fueron coordinadas por el Hospital Universitario Fundación Alcorcón (HUFA). La primera de ellas, según Ángel Gil de Miguel, uno de los autores, describe una asociación a corto plazo entre los contaminantes dióxido de nitrógeno (NO2) y dióxido de azufre (SO2) con un aumento de los casos de fractura de cadera en mayores.

En el invierno y el otoño los mayores tienen más probabilidades de sufrir caídas a causa de las lluvias, las hojas en el suelo o la niebla, lo que aumenta el riesgo de fracturas de cadera

Aunque de la forma en la que está planteado el estudio no se puede conocer el motivo de la asociación, los autores creen que los contaminantes podrían aumentar los problemas cardiorrespiratorios y en el ritmo cardíaco, lo que en los más mayores, y sobre todo en ancianos frágiles, podría provocar un ortostatismo, es decir, un ligero mareo al levantarse de manera rápida, que puede provocar una caída con posibilidad de fractura de cadera.

Más caídas de los mayores en otoño e invierno

El segundo estudio estableció que, en las épocas del año con la climatología más adversa, como el invierno y el otoño, se registró un mayor número de casos de fracturas de cadera osteoporóticas. Al parecer, según explica Ramón Mazzucchelli, uno de los investigadores, este fenómeno se debe a que en estas etapas del año el ambiente se impregna de niebla y agua de lluvia, y el suelo está mojado, resbaladizo o cubierto con hojas de los árboles, lo que propicia las caídas y, por tanto, las fracturas de huesos, especialmente los de la cadera.

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