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Bebés y niños

Los reflejos del bebé
Escrito por Dr. Alfredo Tagarro, Pediatra en el Hospital Infanta Sofía de Madrid
¿Te has preguntado alguna vez por qué un recién nacido es capaz de agarrarte un dedo o succionar un biberón? Son los reflejos primitivos, respuestas motrices típicas de los bebés ante determinados estímulos.

¿Para qué sirven los reflejos del recién nacido?

Los médicos solemos examinar los reflejos de forma rutinaria en el momento del nacimiento. La ausencia de los mismos es excepcional y prácticamente sólo ocurre en el contexto de enfermedades graves, que generalmente se detectan de otras maneras. Los reflejos del bebé tienen cierto valor, sin embargo, para valorar de una forma general el desarrollo y la integridad del sistema nervioso, y ocasionalmente para detectar alguna lesión de los miembros.

La valoración médica no se limita a si están presentes o no, sino que es cualitativa, es decir, ver si los reflejos del bebé son débiles (enfermedades musculares), exaltados (síndrome de abstinencia de drogas o tabaco), o asimétricos (fractura de clavícula, lesiones de las raíces nerviosas cuando hay una distocia de hombros en el parto).

Desde el punto de vista de los padres, los reflejos son unos movimientos llamativos y fascinantes, incluso divertidos, que pueden facilitar el vínculo con su pequeño. Por ejemplo, muchos papás recuerdan durante toda la vida la primera vez que su hijo recién nacido les cogió el dedo.

Reflejos del bebé más comunes

A continuación repasaremos algunos de los reflejos del bebé más conocidos.

Reflejo de presión palmar

Reflejo de Prensión Palmar

El reflejo de prensión palmar se desencadena cuando se presiona, aunque sea suavemente, la palma de la mano con cualquier objeto. El bebé inmediatamente cerrará la mano. Como se ha dicho previamente, en los primates facilita que el bebé se aferre a la madre. Puede que cumpla un papel facilitador del vínculo entre padres e hijos, pues además de emocionar a los padres, se ha comprobado que se acompaña de un efecto tranquilizador en el bebé. Suele desaparecer a partir de los tres meses de vida.

Reflejo de succión

Reflejo de succión

La introducción de un elemento en la boca del bebé (el pezón, el dedo, el biberón, el chupete) desencadena una salva de succiones vigorosas. Es un movimiento relativamente complejo y requiere la coordinación de varios grupos musculares. Tiene una clara función adaptativa, pues es esencial para la alimentación. Al igual que el de búsqueda, juega un papel esencial en la supervivencia tanto de los individuos como de la especie. Además, la succión en sí misma tiene capacidad para disminuir el dolor y la ansiedad, de ahí que los niños se calmen con el chupete.

Reflejo de búsqueda o seguimiento

Reflejo de búsqueda o de seguimiento

Consiste en el desplazamiento de los labios y la boca, apertura de la boca y giro de la cabeza cuando se rozan las esquinas de la boca o la mejilla. La boca sigue al elemento que roza la cara. Cuanto más hambriento está el bebé, más vivo es el reflejo. Desaparece hacia los tres-cuatro meses de vida.
 

Reflejo de Moro

Reflejo de Moro

Se desencadena con el bebé tumbado boca arriba, elevando su cabeza con la mano, y a continuación dejando caer la cabeza de repente 10-20 cm (se evita que golpee la cabeza contra la superficie manteniendo la mano bajo la cabeza). También se desencadena con el niño tumbado boca arriba, tirando suavemente de ambos brazos hasta que casi separa la cabeza de la cama y soltando de repente. La respuesta del niño es abrir ambos brazos seguida de un cierre de los mismos y posteriormente llorar o hacer una mueca de ansiedad. La impresión general es de que el niño se asusta. En caso de alteraciones en los miembros (fractura de clavícula, lesión de los plexos nerviosos durante el parto), el reflejo se desencadenará en uno de los brazos pero no en el otro. Desaparece hacia los cuatro meses de edad.

Reflejo de marcha automática

Reflejo de la marcha automática

Aparece cuando se mantiene al bebé en posición vertical, sujetándole desde debajo de las axilas, permitiendo que los pies toquen la superficie plana de la mesa o el lecho. Se puede facilitar haciendo que el dorso del pie toque el borde de la mesa. El estímulo desencadena un movimiento alternante de las dos piernas similar a estar caminando. Este reflejo no tiene nada que ver con el acto complejo y voluntario que es caminar. Caminar requiere una maduración mucho mayor del sistema nervioso y de los músculos, que es imposible de alcanzar antes del último trimestre del primer año.

 

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Actualizado: 13/02/2013

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