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Mente y emociones
Síndrome del salvador
Si siempre asumes e intentas resolver los problemas de otra persona –tu pareja, un hijo, un hermano…– sufres el síndrome del salvador, una manera insana de relacionarse con los demás. Aprende a corregirlo.
Escrito por Dra. Vanesa Fernández López, Psicóloga, especialista en emociones

Qué es el síndrome del salvador

Una relación sana de pareja, o entre amigos o familiares, debe basarse en la reciprocidad: “yo a veces te ayudo, te apoyo, te cuido; y otras veces lo haces tú por mí”. Sin embargo, algunas personas entienden la relación solo de forma unilateral: “yo te ayudo, yo te apoyo, yo te salvo, porque así te demuestro mi cariño”. Pero los príncipes azules y Bella no existen, y quien actúa y entiende una relación de esta manera puede que padezca el síndrome del salvador.

No cabe duda de que hacer cosas por los otros resulta fundamental para una especie como la nuestra en la que la protección del grupo previene posibles peligros al ser humano, pero existen personas cuya conducta va más lejos del altruismo y de la simple protección de sus seres queridos, y asumen la responsabilidad de ayudar al otro continuamente, y resolver todos sus problemas, hasta el punto de que olvidan sus propias necesidades en virtud del bienestar del otro, al que protegen de forma asfixiante.

Esta forma de relación de apoyo unilateral es recogida en la literatura como síndrome del salvador o de ‘Perro San Bernardo’ y, aunque suele darse en mayor medida en la relación de pareja, también puede aparecer en otro tipo de relaciones, especialmente en la de padres e hijos; padres salvadores en el caso de hijos jóvenes a los que pretenden resolverles sus vidas dejando a un lado las suyas propias; y viceversa, hijos adultos con padres mayores a los que inutilizan impidiéndoles asumir cualquier tipo de responsabilidad.

Causas del síndrome del salvador

Podríamos definir las conductas asociadas al síndrome del salvador en una sola frase: siempre va al rescate del otro. Quien rescata, además, nunca deja al otro la opción de afrontar y resolver sus propios problemas. Esto, que en un primer momento, u ocasionalmente, podría ser apropiado y atrevidamente romántico en una relación sana, puede convertirse en un comportamiento grave o patológico si se da de forma constante.

Los factores causantes de esta mala forma de vincularse tienen que ver con características de la personalidad, pero también con estilos educativos, como los cuentos de hadas (protagonizados por príncipes azules), las exigencias de la sociedad (y de las personas con las que nos relacionamos) y, sobre todo, la necesidad de aprobación y de aceptación por parte del otro, y la creencia del salvador de que con su actitud se asegura el puesto de persona indispensable para el rescatado. De hecho, el deseo de ser indispensable hace que una de las causas que pueden conducir a padecer este síndrome sea la necesidad de control: “como tú me necesitas, yo te controlo”.

Actualizado: 6 de Abril de 2017

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