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Cenar antes de las 9 protege frente al cáncer de mama y de próstata

El riesgo de desarrollar cáncer de mama o de próstata se reduce hasta un 20% en las personas con la costumbre de cenar temprano, antes de la nueve de la noche, o aquellas que dejan pasar dos horas antes de acostarse.

20/07/2018

Mujer cenando antes de las 9

Cenar pronto, antes de las nueve de la noche, y esperar al menos un par de horas antes de irse a dormir, puede reducir hasta un 20% el riesgo de padecer dos de los tipos de cáncer más comunes, el de mama y el de próstata, según la conclusión a la que han llegado en una investigación del Instituto de Salud Global (ISGlobal) de Barcelona, publicada en la revista International Journal of Cancer.

“Es la primera vez que se hace un estudio en el que se analizan las horas de comer y cenar y el riesgo de cáncer”, comenta a WebConsultas Gemma Castaño, una de las investigadoras del ISGlobal. Hasta ahora, los estudios que relacionaban la alimentación con padecer cáncer se referían a aspectos de la composición de la dieta, como el efecto protector de verduras y frutas.

La hipótesis de los investigadores es que cenar tarde provoca una alteración del ritmo circadiano que afecta al metabolismo de los alimentos

El horario de la cena podría alterar el ritmo circadiano

“Nuestra hipótesis es que cenar tarde provoca una alteración del ritmo circadiano que afecta al metabolismo de los alimentos”. El ritmo circadiano es nuestro reloj interno, que se encuentra alineado con las horas de luz: las funciones corporales que se producen según el momento del día. Por ese ritmo circadiano, nuestro organismo se encuentra preparado para dormir por la noche, cuando no hay luz, y estar despierto por el día. “Se sabe ya que los trabajadores nocturnos que padecen una disrupción circadiana tienen más riesgo de cáncer”, afirma la investigadora de ISGlobal.

En la investigación se recogieron datos de 621 casos de cáncer de próstata y 1.205 de mama, y de 872 hombres y 1.321 mujeres seleccionados al azar en centros de atención primaria, todos procedentes de diferentes puntos de España. También se tuvo en cuenta el cronotipo. “Hay personas que son más activas por la mañana que por la noche y otros que, por el contrario, se encuentran menos activos por las tardes y la noche”. “En los primeros su metabolismo por la noche es más lento”, señala Gemma Castaño, que añade que las personas que prefieren la noche tienen su reloj interno “modificado”, y el efecto protector que supone cenar antes de las nueve es un poco menor.

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