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CHIP, un nuevo factor de riesgo cardíaco tan alto como el colesterol

Las personas con células madre mutadas en la médula ósea, un proceso asociado al envejecimiento conocido como CHIP, tienen hasta un 50% más riesgo de morir por enfermedad cardiovascular en los diez años siguientes.
Escrito por: Eva Salabert

05/02/2018

Persona con dolor en el pecho como factor de riesgo cardíaco

Las mutaciones de la médula ósea se adquieren y las probabilidades de presentarlas aumentan con la edad.

La presencia de una acumulación anormal en la médula ósea de células madre mutadas incrementa un 40-50% el riesgo de que una persona fallezca en los diez años siguientes, generalmente a consecuencia de un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular, según ha revelado un estudio publicado en The New England Journal of Medicine.

Este trastorno, que se denomina hematopoyesis clonal de potencial indeterminado (CHIP), consiste en una serie de mutaciones que se producen en las células de la médula ósea a medida que las personas envejecen ­–de hecho, se estima que más del 70% de los adultos mayores presentan al menos una de estas mutaciones–, y la investigación ha determinado que se trata de un factor de riesgo tan importante como la hipertensión o la hipercolesterolemia para desarrollar enfermedades cardiovasculares, y que actúa con independencia de estos.

Se trata de mutaciones que se adquieren (no se heredan), y las probabilidades de presentarlas aumentan con la edad, de forma que mientras que alrededor del 20% de los mayores de 60 años las tienen, afectan al 50% de los mayores de 80 años. Sin embargo, esto no significa que una persona más joven no pueda tenerlas, en cuyo caso aumentaría significativamente la probabilidad de que sufriera un ictus o un ataque cardíaco aunque sus niveles de colesterol y presión sanguínea fuesen correctos, y tampoco tuviera antecedentes familiares de patología cardiovascular.

CHIP, un descubrimiento casual

El descubrimiento de la CHIP se produjo cuando varios equipos de investigadores (que no estaban estudiando cardiopatías) se encontraban analizando los genes de pacientes que podrían desarrollar leucemia, o en una investigación sobre esquizofrenia. Revisaron estudios genéticos procedentes de bases de datos en los que estaba registrado el ADN de miles de personas, que se había obtenido a partir de sus leucocitos. Observaron así que muchas de estas personas tenían leucocitos con mutaciones asociadas a la leucemia y no padecían cáncer.

CHIP multiplicaba por dos las probabilidades de tener un infarto en los pacientes típicos, y cuadruplicaba el riesgo en el caso de aquellos que ya hubieran sufrido un infarto

Los leucocitos proceden de las células madre de la médula ósea, y en ocasiones una de esas células madre muta y los leucocitos que genera portan la misma mutación. Aunque esas mutaciones no siempre tienen consecuencias, otras sí pueden producir ciertas alteraciones. Así, al estudiar la historia clínica de personas que portaban estas mutaciones en los leucocitos, los investigadores comprobaron que tenían un 54% más probabilidades de morir a lo largo de la siguiente década a causa de infartos y accidentes cerebrovasculares, en comparación con las personas sin CHIP.

Benjamin Ebert, jefe de Oncología Médica en el Instituto de Cáncer Dana-Farber de Bostón (Estados Unidos), y Sekar Kathiresan, cardiólogo e investigador de genética del Hospital General de Massachusetts y del Instituto Broad, analizaron los datos genéticos de otros cuatro estudios más grandes, y confirmaron que la CHIP multiplicaba por dos las probabilidades de tener un infarto en los pacientes típicos, y cuadruplicaba el riesgo en el caso de aquellos que ya hubieran sufrido un infarto.

Leucocitos mutados y riesgo de cardiopatías

Ebert y Walsh realizaron estudios por separado en los que trasplantaron en ratones algunos fragmentos de médula ósea que contenían células madre con una mutación CHIP, y células madre no mutadas. Observaron que los eritrocitos mutados proliferaron en los animales, que empezaron a desarrollar placas de rápido crecimiento que obstruían sus arterias y aceleraban el desarrollo de arterioesclerosis. Ebert ha explicado que este hallazgo sugiere que la CHIP podría estar involucrada también en otras patologías inflamatorias como la artritis.

A pesar de las evidencias que demuestran que la CHIP aumenta el riesgo de diversas enfermedades, los investigadores afirman que no existe nada para prevenir o evitar esta afección, por lo que lo único que recomiendan es asegurarse de reducir las probabilidades de desarrollar una cardiopatía manteniendo un control adecuado de los niveles de colesterol y de presión sanguínea, haciendo ejercicio, y llevando una dieta saludable para frenar la inflamación de las arterias.

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