PUBLICIDAD

Espina bífida
La espina bífida es una malformación congénita que deja al bebé expuesto a lesiones e infecciones que pueden tener graves secuelas neurológicas que afecten a su calidad de vida. Descubre cómo prevenirla antes de la concepción.
Escrito por María Alba Jiménez, Licenciada en Medicina por la Universidad de Alcalá de Henares y residente de pediatría en el hospital La Paz de Madrid

Diagnóstico de la espina bífida

Actualizado: 20 de noviembre de 2019

El diagnóstico de la espina bífida se puede realizar durante la gestación o tras nacer el bebé. Es aconsejable realizar a todas las mujeres embarazadas unas pruebas diagnósticas durante el primer trimestre de la gestación para la detección precoz de alteraciones cromosómicas (los cromosomas son las estructuras encargadas de portar la información genética) y de algunas malformaciones congénitas del feto.

Diagnóstico de la espina bífida durante el embarazo

Se suele citar a todas las gestantes alrededor de la 12º semana de embarazo para realizarles una ecografía, donde se medirán algunos parámetros del bebé que informan sobre la presencia de determinadas alteraciones congénitas. Así mismo, se realiza a la madre una analítica con la que se pretenden valorar los niveles de ciertas sustancias cuyos valores alterados indican que algo puede sucederle al niño.

Entre estas determinaciones se encuentra la de la sustancia alfafetoproteína (AFP), que se puede medir en la sangre materna o en el líquido amniótico. Esta valoración puede informar tanto de la presencia de cromosomopatías, por ejemplo del riesgo de que el niño padezca síndrome de Down cuando sus niveles se encuentran disminuidos; como de la presencia de malformaciones como la espina bífida, cuando se encuentra elevada. Cuando los valores alterados de esta sustancia hacen sospechar la presencia de este problema, se procede a realizar un conjunto de técnicas diagnósticas más precisas para diagnosticar la espina bífida con mayor certeza y poder actuar así a tiempo.

En la ecografía el médico puede comprobar si el feto padece espina bífida abierta, o detectar otros problemas que podrían haber hecho aumentar el nivel de AFP. Por lo general, es posible observar esta malformación en una ecografía.

La amniocentesis es otra prueba que puede ayudar a su diagnóstico, y que consiste en obtener una muestra del líquido amniótico que rodea al feto y analizarla. Un nivel de AFP elevado también puede indicar esta anomalía.

Diagnóstico de la espina bífida tras el nacimiento del bebé

Aunque lo normal es diagnosticar esta malformación durante el embarazo, en ocasiones, como por ejemplo cuando la embarazada no ha recibido atención prenatal, si en la ecografía no se apreciaba con claridad la zona de la columna afectada, o si se trata de una espina bífida oculta. En estos casos se puede detectar tras el nacimiento del bebé, y el médico puede emplear pruebas de imagen que permitan explorar la columna del niño como radiografías, resonancias magnéticas o TAC.

 

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD