La espina bífida es una malformación congénita que tiene dos formas posibles de presentación, oculta y abierta. Veamos sus características:

Espina bífida oculta

Es la variante más leve de las dos. Consiste en una falta de fusión de los elementos vertebrales de la columna, pero sin dejar expuesto el tejido nervioso de manera total. Esto se debe a que la piel y las membranas meníngeas se encuentran ilesas y cubren el defecto sin que apenas se altere el sistema nervioso.

Los niños con espina bífida oculta pueden permanecer sin diagnosticar durante muchos años debido a la poca importancia clínica de su problema congénito. En ocasiones, la única manifestación que presentan son algunas alteraciones en la piel a nivel de la lesión, como por ejemplo angiomas, mechones de pelo… Otras veces este tipo de espina bífida se manifiesta con leves síntomas neurológicos que pueden hacer sospechar el problema; sin embargo, por lo general son lesiones que no suelen conllevar secuelas.

Espina bífida abierta

En esta malformación, el tejido nervioso queda totalmente expuesto por un defecto de la columna vertebral que afecta al hueso, a los músculos y a la piel. En función de la presencia o no de lesión en las meninges se habla de:

  • Meningocele, cuando a partir del defecto vertebral se hernian las membranas junto con el líquido cefalorraquídeo, una condición en la los nervios no suelen estar dañados, o solo muy poco, por lo que solo causa discapacidades menores.
  • o mielomeningocele, cuando además de las meninges y el líquido, sale al exterior el tejido nervioso. Esta última variedad es la forma más grave y más frecuente de la enfermedad. Los niños con estos problemas pueden presentar serios trastornos neurológicos que comprometan su vida, o alteraciones en la sensibilidad o en la fuerza de las extremidades, que pueden ser leves o llegar a impedir que muevan las piernas.

Creado: 16 de abril de 2012

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