Revelan por qué comer mucha carne aumenta el riesgo cardiovascular

Vinculan un mayor consumo de carne con más probabilidades de desarrollar enfermedad cardiovascular, un riesgo que está relacionado con las interacciones entre la carne roja, nuestro microbioma intestinal y los metabolitos bioactivos.
Escrito por: Eva Salabert

02/08/2022

Carne aumenta riesgo cardiovascular

El excesivo consumo de carne se ha asociado con más probabilidades de tener problemas de salud, como cardiopatías o diabetes, e incluso con más riesgo de cáncer, pero es importante determinar el efecto que tienen la carne roja o las carnes procesadas en la salud de los adultos mayores, ya que este grupo de la población no solo es el más vulnerable a padecer enfermedades del corazón, sino también el que más se puede beneficiar de la ingesta de proteínas para compensar la pérdida de masa y de fuerza muscular que se asocia al envejecimiento.

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Hace años que los científicos estudian la relación entre las enfermedades cardiovasculares y el consumo de grasas saturadas, colesterol dietético, sodio, nitritos, etcétera, y las últimas evidencias sugieren que entre los responsables de los daños causados por estas sustancias podrían estar los metabolitos especializados que generan nuestras bacterias intestinales cuando comemos carne.

Ahora, una nueva investigación en la que se han analizado datos de 3.931 personas mayores de 65 años residentes en Estados Unidos ha cuantificado el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular aterosclerótica relacionado con el consumo de carne y ha identificado las vías biológicas subyacentes que pueden ayudar a explicar este riesgo.

“Las interacciones entre la carne roja, nuestro microbioma intestinal y los metabolitos bioactivos que generan parecen ser una vía importante para el riesgo de enfermedad cardíaca”

El estudio ha sido dirigido por investigadores de la Escuela Friedman de Ciencias y Políticas de Nutrición de la Universidad de Tufts y el Instituto de Investigación Lerner de la Clínica Cleveland y ha encontrado que un mayor consumo de carne se relaciona con más riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica; en concreto, un riesgo 22% mayor por cada 1,1 raciones al día, y que aproximadamente el 10% de dicho riesgo aumentado se explica por un incremento de los niveles de tres metabolitos que producen las bacterias del intestino a partir de nutrientes que abundan en la carne.

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Los investigadores encontraron mayores riesgos e interrelaciones con los metabolitos bacterianos intestinales para la carne roja, pero no para la carne de aves de corral, los huevos o el pescado. El trabajo se ha publicado en la revista Arteriosclerosis, Thrombosis, and Vascular Biology y es el primero que estudia las interrelaciones entre los alimentos de origen animal y el riesgo de eventos cardiovasculares ateroscleróticos, y la mediación de este riesgo por los compuestos producidos por la microbiota intestinal, y por los factores de riesgo tradicionales para esta enfermedad, como el colesterol y el azúcar en la sangre y la hipertensión arterial.

Comer carne de ave, huevos o pescado no aumentó el riesgo cardiovascular

La investigación se basó en los datos registrados durante años en el Estudio de Salud Cardiovascular (CHS) de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), un estudio observacional a largo plazo de los factores de riesgo de enfermedad cardiovascular en estadounidenses de 65 años o más. A los 3.931 participantes en el estudio se los siguió durante una mediana de 12,5 años, y su edad promedio al inicio del estudio fue de 73 años. El estudio se ajustó a factores de riesgo conocidos como edad, sexo, raza/etnia, nivel educativo, tabaquismo, actividad física, hábitos alimenticios, y muchos factores de riesgo adicionales.

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Al comienzo del estudio se midieron varios biomarcadores sanguíneos y esta medición se repitió durante el seguimiento, incluidos los niveles de N-óxido de trimetilamina (TMAO) generado por el microbioma intestinal y dos de sus intermediarios clave, gamma-butirobetaína y crotonobetaína, derivados de L-carnitina, abundantes en carne roja.

Las principales conclusiones de la investigación fueron:

  • Una mayor ingesta de carne roja sin procesar, carne total (carne roja sin procesar más carne procesada) y alimentos de origen animal total se asoció prospectivamente con una mayor incidencia de enfermedad cardiovascular aterosclerótica durante una mediana de seguimiento de 12,5 años.
  • Las asociaciones positivas con enfermedad cardiovascular aterosclerótica fueron mediadas en parte (8-11% de exceso de riesgo) por los niveles plasmáticos de TMAO, gamma-butirobetaína y crotonobetaína.

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  • El mayor riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica asociado con el consumo de carne también estuvo mediado en parte por los niveles de glucosa e insulina en la sangre y, en el caso de las carnes procesadas, por la inflamación sistemática, pero no por la presión arterial o los niveles de colesterol en la sangre.
  • La ingesta de pescado, aves y huevos no se asoció significativamente con enfermedad cardiovascular aterosclerótica.

“Estos hallazgos ayudan a responder preguntas de larga data sobre los mecanismos que vinculan las carnes con el riesgo de enfermedades cardiovasculares”, ha afirmado Meng Wang, coautora del estudio y becaria postdoctoral en la Escuela Friedman. “Las interacciones entre la carne roja, nuestro microbioma intestinal y los metabolitos bioactivos que generan parecen ser una vía importante para el riesgo, lo que crea un nuevo objetivo para posibles intervenciones para reducir la enfermedad cardíaca”.

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“Curiosamente, identificamos tres vías principales que ayudan a explicar los vínculos entre la carne roja y procesada y la enfermedad cardiovascular: metabolitos relacionados con el microbioma como TMAO, niveles de glucosa en sangre e inflamación general, y cada uno de estos parecía más importante que las vías relacionadas con el colesterol en sangre o la presión arterial”, ha explicado el coautor principal, Dariush Mozaffarian, decano de política de la Escuela Friedman, que añade: “Esto sugiere que, al elegir alimentos de origen animal, es menos importante centrarse en las diferencias en las grasas totales, las grasas saturadas o el colesterol, y más importante comprender mejor los efectos en la salud de otros componentes de estos alimentos, como la L-carnitina y hierro hemo”.

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Al basarse en una gran cantidad de datos clínicos y dietéticos de una gran comunidad de personas mayores, la investigación “vincula la vía microbiana intestinal de TMAO con los alimentos de origen animal y el aumento de los riesgos de enfermedades cardiovasculares ateroscleróticas”, concluye Stanley L. Hazen, jefe de sección de cardiología preventiva y rehabilitación en Cleveland Clinic y coautor principal. “El estudio también aboga por los esfuerzos dietéticos como un medio para reducir ese riesgo, ya que las intervenciones dietéticas pueden reducir significativamente el TMAO”.

Los investigadores han advertido que son necesarios más estudios para comprobar si sus hallazgos se pueden generalizar a otras edades y nacionalidades. Además, señalan que fueron los propios participantes los que informaron sobre sus hábitos dietéticos, y que al tratarse de un estudio observacional no se puede probar causa y efecto.

Por el momento, se aconseja a la población que siga las actuales recomendaciones para un estilo de vida que contribuya a proteger la salud del corazón, incluyendo una alimentación equilibrada rica en verduras, frutas, granos integrales y otros alimentos beneficiosos para el corazón, además de mantener un peso adecuado, controlar el estrés, evitar la hipertensión arterial, realizar ejercicio, dormir lo suficiente y dejar de fumar.

Actualizado: 2 de agosto de 2022

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