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Lactancia materna prolongada
Existen prejuicios y falsas creencias sobre la lactancia materna prolongada, pero la OMS no pone límite de edad para amamantar. Conoce los beneficios que aporta dar el pecho a un niño mayor, tanto para él como para su madre.
Escrito por Caridad Ruiz, Periodista especializada en salud y nutrición

Lactancia materna en niños mayores o prolongada: mitos y realidades

Actualizado: 1 de agosto de 2019

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría recomiendan la lactancia materna en exclusiva hasta los seis meses, y mantenerla complementada con otros alimentos al menos hasta los dos años, y a partir de entonces hasta que la madre y el hijo lo deseen. Sin embargo, a pesar de que los principales organismos dedicados a la salud aconsejan prolongar la lactancia materna, en España tan solo un 9% de los niños sigue tomando el pecho entre los 18 y los 24 meses de edad.

Javier Corrillero, matrón del centro Matrona Sur (Madrid) y consultor de lactancia IBLCE (International Board of Lactation Consultant Examiners en sus siglas in inglés) nos recuerda que para seguir amamantando “no hay límite de edad”. De hecho, “investigaciones antropológicas señalan que la edad de abandono de la lactancia podría estar entre los dos años y medio y los siete años”, recalca.

La lactancia en niños mayores

El término lactancia prolongada no suele gustar a los profesionales de la lactancia materna. “Preferimos hablar de lactancia en niños pequeños y niños mayores” nos dice Javier Corrillero. “Es un alimento bueno y nutritivo para el niño más allá de los dos años, y no nos parece adecuado llamarla ‘prolongada’ –que significa que dure más de lo normal– porque parece que estamos teniendo que justificar que se le siga alimentado con leche materna pasado ese tiempo”, afirma el matrón, cuando se trata de algo normal y recomendable.

La leche materna es un fluido vivo que se adapta a las necesidades nutricionales del niño, y con el tiempo es más rica en proteínas, lípidos e hidratos de carbono

Pero lo cierto es que la actual cultura occidental ve con extrañeza que un niño continúe amamantando cuando ya ha soplado sus dos velitas, aunque no haya ningún motivo de salud, ni físico ni psicológico, que respalde un destete a partir de esa edad. Y es que, por mucho tiempo que la madre dé el pecho a su hijo, la leche que su organismo fabrica no pierde propiedades.

“Lo bonito de la leche materna es que se adapta a las necesidades y circunstancias del niño y se ajusta a sus requerimientos nutricionales. Es un fluido vivo que cambia con el tiempo y se adecúa al crecimiento del bebé”. Así, la leche que toma el recién nacido tiene más inmunoglobulinas –para reforzar su precario sistema inmunológico– que la que toma un niño mayor, que es más rica en proteínas y lípidos e hidratos de carbono. “Y también se adapta a la madre, a sus horarios”, apunta Javier Corrillero.

Mitos sobre la lactancia prolongada

Existen muchos bulos respecto a la lactancia materna prolongada, desde que no es bueno psicológicamente para el niño o que lo hace muy dependiente, hasta que la salud de la madre se puede resentir. “Amamantar más allá de los dos años no supone ningún riesgo para el niño, ni física ni psicológicamente, ni para la madre. Ningún estudio lo ha demostrado. Hay que hacer que la lactancia materna en niños mayores se llegue a aceptar por todos”, afirma tajante Javier Corrillero.

De hecho, “se ha visto en estudios asiáticos que los niños que amamantan durante mucho tiempo, cuando se hacen adultos y se independizan de los padres tienden a buscar lugares cercanos. Poseen unos lazos afectivos más fuertes, pero eso no es dependencia”, añade.

Tampoco tiene por qué interferir en el resto de la alimentación, ni causar déficits nutricionales. Un niño de tres o cuatro años que sigue mamando tiene la misma dieta que otro que toma leche de vaca, con una diferencia: en cualquier momento del día o de la noche hace una toma de leche materna. “Hay niños que toman poco pecho por el día porque comparten la comida con adultos u otros niños, que cubre sus necesidades nutricionales. Y por la noche, si comparte el lecho materno, amamantan”, explica el matrón.

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