Comidas navideñas con bebés: qué debemos evitar

La Navidad es un momento propicio para el consumo de determinadas comidas o productos, pero cuando hay un bebé en casa, hay algunas cosas que debemos tener en cuenta a la hora de ofrecerle según qué alimentos.
Madre sosteniendo a su bebe comiendo junto al árbol de navidad

Actualizado: 24 de diciembre de 2020

La educación alimentaria es fundamental en la construcción de una vida saludable. Y esto debe hacerse cuanto antes: desde que comenzamos a ofrecer alimentos sólidos al bebé, alrededor de los seis meses. Que las familias podamos brindar la correcta educación en este sentido depende de múltiples factores, desde cuestiones sociales o económicas hasta culturales. En esto último, lo cultural, las celebraciones tienen mucho peso en lo que comemos, siendo la Navidad uno de los momentos más propicios para el consumo de determinados productos tradicionales, y no siempre saludables. A lo largo del siguiente texto explicamos qué alimentos son recomendables y cuáles se deben evitar también en momentos como las comidas navideñas, y por qué es importante fomentar una alimentación saludable desde la primera infancia.

Qué alimentos evitar en bebés

A partir de los seis meses desde el nacimiento se estima que es el momento ideal para comenzar a ofrecer otros alimentos, además de la leche materna o, en su defecto, de la leche artificial (que seguirá siendo su principal fuente nutritiva). Según la Asociación Española de Pediatría, se establece su inicio en este momento y no antes, porque es importante “que el organismo tenga la maduración necesaria a nivel neurológico, renal, gastrointestinal e inmune”. Además, se necesitan ciertas destrezas a nivel psicomotor que permiten al bebé manejar y tragar de forma segura los alimentos, y estos cambios suelen ocurrir en torno al sexto mes de vida. Así lo recoge su guía de Recomendaciones sobre la alimentación complementaria.

Bebé comiendo un dulce navideño

Aunque las pautas han cambiado mucho a lo largo de las últimas décadas, la AEP insiste en que actualmente se considera que el orden de ofrecimiento de alimentos depende más de una cuestión cultural y familiar que científica. “No hay alimentos mejores que otros para empezar, aunque se recomienda ofrecer de manera prioritaria alimentos ricos en hierro y cinc”, señalan en la mencionada guía de recomendaciones. Lo que sí recomiendan es ofrecer los alimentos de uno en uno, con intervalos de unos días entre unos y otros, “para observar la tolerancia y la aceptación”, y no añadirles ni sal ni azúcar o edulcorantes, “para que el bebé se acostumbre a los sabores naturales de los alimentos”

Ahora bien, la Navidad es un momento especialmente propicio para el consumo de determinados productos tradicionales, entre los que priman los dulces y las preparaciones con embutidos o mariscos. ¿Cuáles debemos evitar en el caso de bebés que ya toman sólidos y niños pequeños?

  • Chocolatina Papá Noel

    Dulces y ultraprocesados

    Natalia Hospido, dietista-nutricionista y miembro del proyecto Nutricoles, explica que sería conveniente evitar, al igual que el resto del año, “todos los productos dirigidos específicamente a los niños y que tienen envases muy coloridos y personajes famosos”. Además, considera que debe prescindirse de “ultraprocesados de pésima calidad como chocolatinas, dulces, chuches”, y recuerda que las recomendaciones oficiales apuntan a “no ofrecer azúcar a menores de dos años ni miel a menores de uno”.

  • Patés navideños

    Embutidos y patés

    También es recomendable no ofrecer productos como embutidos o patés por su poco recomendable composición nutricional (con elevadas cantidades de sal, grasas y algunos de ellos también de azúcar), y, si se ofrece, en la menor cantidad posible y nunca antes del año. Antes de esta edad tampoco debe darse leche entera, queso o yogures, ni preparaciones que contengan estos alimentos.

  • Uvas fin de año

    Alimentos con los que puedan atrangantarse

    Si partimos de la guía de Recomendaciones para la alimentación en la primera infancia (0-3 años), elaborada por la Generalitat de Catalunya, hasta los 3 años de edad no deben darse los alimentos que pueden suponer un riesgo de atragantamiento, como las palomitas, las uvas enteras, la zanahoria cruda o la manzana a trozos grandes. Lo mismo para los frutos secos enteros, sin embargo, estos sí pueden ofrecerse triturados desde los seis meses, solos o incorporados a preparaciones como cremas o guisos.

  • Gambas

    Ciertos mariscos

    ¿Y el marisco? Dado que suele ser un clásico de las comidas y las cenas navideñas conviene saber que, en general, algunos mariscos pueden consumirse desde los seis meses, pero con puntualizaciones: según la citada guía, deberíamos tener en cuenta la introducción escalonada de alimentos si es menor de seis meses, así como la evitación por debajo del año de “cabezas de gambas, cigalas o langostinos o el cuerpo de crustáceos similares al cangrejo por su contenido en cadmio”. La forma de cocinado también es importante, ya que el marisco debe estar bien hecho para evitar intoxicaciones alimentarias.

Recomendaciones para las comidas navideñas con niños

La Navidad es un motivo de celebración en la mayoría de países del mundo. Y en muchas de estas celebraciones la comida tiene un gran protagonismo, lo que refleja que en lo que comemos también influyen la cultura y las tradiciones; cultura y tradiciones que no son estáticas sino que evolucionan a lo largo de los años. En líneas generales, durante la Navidad, también podemos limitar el consumo de productos insanos como turrones, polvorones o roscones, e intentar ofrecer alternativas más saludables en la celebraciones navideñas. Esto cobra especial importancia en el caso de bebés y niños pequeños, por lo que recopilamos a continuación algunas recomendaciones:

  • Salirse de lo tradicional. Las preparaciones “deben depender de los gustos y preferencias de cada familia y no tanto del marketing y la publicidad, ya que condicionan demasiado lo que hay que comer y cuando hay que comerlo”, explica Natalia Hospido. En este sentido, la nutricionista considera que pueden decidirse entre todos otros menús que no por salirse de la tradición o la norma tiene por qué ser menos apetecibles. Aquí te damos algunas alternativas para tus comidas navideñas.
  • Debe aumentarse el consumo de alimentos de origen vegetal frente a los alimentos de origen animal y, según Natalia Hospido, esto no debería ser una excepción en la mesa durante las celebraciones navideñas. Por tanto, se pueden buscar alternativas más sanas a productos tradicionales en estas fechas como son el paté, el embutido o el marisco.
Familia celebrando la Navidad
  • Es preferible incluir a los bebés y niños en la mesa y ajustar el menú en esa línea para todos. “Lo ideal siempre es que todos los miembros de la familia tengan el mismo menú, teniendo en cuenta las adaptaciones oportunas por cuestiones de seguridad en el caso de niños pequeños. Sentarse y planificar el menú entre todos es algo muy productivo y al mismo tiempo divertido”, sostiene la nutricionista.
  • Tan importante es lo que comemos como disfrutar de la compañía y del momento. Comer es un acto que necesitamos los humanos para sobrevivir, pero no sólo nos nutren los alimentos. Para Natalia Hospito es esencial crear un ambiente agradable en torno a la mesa: “Que sea un momento de risas, de charlas y de disfrute es tan importante como elegir de forma correcta los alimentos. Eso permite que la relación con la alimentación sea la adecuada y disminuir la probabilidad de futuros trastornos de la conducta alimentaria o patologías”.
  • Con el fin de evitar intoxicaciones alimentarias –principalmente las provocadas por bacterias como la salmonela, la listeria o la Escherichia coli– no es conveniente dar a los niños pescado, carne, marisco y alimentos a base de huevo que estén poco cocinados o crudos.
  • Por último, y no menos importante, nunca se debe obligar a comer a un bebé o niño pequeño. Por un lado está la cuestión de la saciedad (no deben comer lo que esperamos que coman, sino que ellos mismos saben cuándo han alcanzado su saciedad), y por otro la excitación del momento, algo que lleva a muchos niños a no mostrar interés por lo que están comiendo, sino más bien por ese momento de celebración tan excepcional.

Aprender hábitos de alimentación saludables en la infancia

Además de tratar determinados alimentos por el riesgo directo que pueden conllevar para los más pequeños de la casa, hay que intentar apostar por otras opciones más saludables, también en estas fechas. Y es que, las cifras actuales de patologías asociadas a una mala alimentación en la infancia y adolescencia son preocupantes. Por ejemplo, según los últimos datos del estudio Prevalencia de sobrepeso, obesidad y obesidad abdominal en población española entre 3 y 24 años), publicado por la Sociedad Española de Cardiología (SEC), cuatro de cada diez niños y jóvenes de hasta 24 años tienen sobrepeso u obesidad infantil. Pero el problema es global: la Organización Mundial de la Salud estima que si se mantiene la tendencia actual, el número de lactantes y niños con sobrepeso u obesidad a nivel mundial aumentará hasta los 70 millones en 2025.

Familia cocinando en Navidad

Para frenar el ritmo vertiginoso de este contador se requiere de un abordaje a múltiples niveles: institucional, sanitario, social y, por supuesto, familiar. Si nos detenemos en el último punto, en el entorno familiar, debemos saber que la primera infancia es el momento idóneo para empezar a instaurar hábitos de alimentación saludable. Y dado que la familia es el primer vínculo del niño o la niña, su papel es fundamental en la adquisición de un estilo de vida sano. Así lo recuerda Natalia Hospido, dietista-nutricionista y miembro del proyecto Nutricoles: “La ciencia ha demostrado ampliamente que instaurar correctos hábitos de alimentación saludable en la infancia, evita tener que corregir muchísimos de los problemas que hoy en día nos encontramos en pacientes adultos en la consulta de nutrición”.

Un estudio publicado a finales de 2019 por varias investigadoras españolas, analizaba el impacto del estilo de vida en la infancia en el riesgo de padecer obesidad y problemas cardiometabólicos. A partir de los factores que influyen en la salud (actividad física, descanso, consumo de alimentos de origen vegetal, consumo de ultraprocesados y tiempo frente a las pantallas), encontraron que aquellos niños que mantenían un estilo de vida más saludable mostraban menos posibilidades de padecer obesidad en edades más tardías.

Las familias que promueven prácticas más adecuadas como la disposición de alimentos saludables en el hogar, la evitación en la medida de lo posible del consumo de alimentos insanos o el propio ejemplo comiendo saludablemente ejercen un efecto protector en este sentido. Para Natalia Hospido, la información con la que contamos las familias influye mucho en lo que comemos, porque es esa información la que nos permite crear un entorno en el que predominen todos los elementos posibles para mantener una alimentación saludable. También porque será la información adecuada la que nos permita introducir en casa una correcta educación alimentaria, “tanto desde el conocimiento de los alimentos en la huerta o el supermercado, pasando por la cocina y llegando a los juegos y cuentos”.

Creado: 21 de diciembre de 2020

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