Chocolate para los niños: cuándo, cuál y cuánto

Muchos padres dudan si pueden ofrecer chocolate a sus hijos, a qué edad hacerlo, o en qué cantidad. Dos expertas en alimentación infantil explican qué efectos puede tener en los niños y sus recomendaciones de consumo.
Chocolate para los niños

Actualizado: 21 de mayo de 2021

La alimentación infantil no es un complejo jeroglífico pero, a veces, exige tener algo de información para derribar mitos. El consumo de chocolate en la infancia no escapa de falsas creencias y desinformación. Por ello, vamos a intentar, con la ayuda de dos expertas en alimentación infantil, resolver todas vuestras dudas al respecto en el siguiente texto.

Empecemos por lo básico, el producto: el chocolate es un producto procesado que se obtiene de la mezcla de pasta de cacao, manteca de cacao –ambas obtenidas del procesamiento de las semillas de cacao– y, normalmente, azúcar o edulcorantes. La proporción en la que están mezclados estos ingredientes, así como la incorporación o no de otros como leche, frutas desecadas o frutos secos, será lo que defina el tipo de chocolate. A pesar de la fama que lo rodea, no es un producto bueno o malo per se, sino que dependerá de su calidad, de las proporciones de los ingredientes, y de la cantidad y periodicidad de su consumo. Y eso es aplicable en todas las etapas vitales.

Ahora bien, ¿qué debemos saber con respecto a su consumo en la infancia? ¿Cuándo se puede ofrecer chocolate a los niños? ¿Es cierto que produce en los pequeños adicción, insomnio o nerviosismo? ¿Qué tipo de chocolate es más recomendable dar a los niños y cuál es mejor evitar? A todas estas cuestiones respondemos de la mano de dos expertas en alimentación infantil: Griselda Herrero, dietista-nutricionista, fundadora de Norte Salud y autora de Comer bien en familia (Espasa, 2021); y Yolanda Anfrons, dietista y creadora del proyecto de educación nutricional Con eSe de salud.

¿A qué edad podemos dar chocolate a un niño?

Cuando nuestro hijo o hija comienza con la alimentación complementaria es habitual que nos preguntemos qué alimentos es recomendable evitar y cuáles podemos ofrecer de forma prioritaria. Griselda Herrero, dietista-nutricionista, recuerda que esto ocurre a partir de los 6 meses, siendo hasta el año de edad la leche (materna o artificial) el principal alimento que debe recibir.

“El chocolate es un producto altamente palatable que podría inducir una alteración de las preferencias naturales por los sabores de los niños, fomentando aún más la aversión por las verduras”

Cuando se inicia la alimentación complementaria, según la dietista-nutricionista, se deben incorporar alimentos (frutas, verduras, legumbres, cereales, huevos, pescados, carnes), con el fin de aumentar la variabilidad y tolerancia y que el niño aprenda a identificar sabores, texturas y formas. Y, ¿qué ocurre con el chocolate? “Con el chocolate, al no ser un alimento propiamente dicho, se debe evitar la exposición el mayor tiempo posible, dado que es un producto altamente palatable que podría inducir una alteración de las preferencias naturales por los sabores de los niños, fomentando aún más la aversión por las verduras”, señala.

Niño tomando chocolate

La dietista Yolanda Anfrons comparte esta idea pero da una edad mínima: nunca antes de los 12 meses, ya sea chocolate o cacao puro. Y, al igual que Griselda Herrero, considera que se trata de un alimento de consumo ocasional, por tanto, “en cuanta menor cantidad y frecuencia ofrezcamos este producto mucho mejor; así, entre otras cosas, no desplazamos los alimentos que realmente sí nos interesa que formen parte de su alimentación habitual”.

Mitos sobre el chocolate: ni beneficioso, ni venenoso para los niños

En general los niños tienen una predisposición innata hacia los sabores dulces y calóricos. La explicación se encuentra, según una investigación publicada en 2015 en Physiology behavior, en un factor de supervivencia: les recuerda el sabor dulce de la leche materna –o, en su defecto, artificial–, que es el primer alimento con el que entran en contacto y que necesitan para sobrevivir y desarrollarse durante los primeros meses. Si bien se sienten atraídos por el sabor dulce, rechazan el sabor amargo, que a nivel de biología se relaciona con la evitación de la ingestión de venenos.

Ningún alimento es bueno o malo en sí mismo y en el caso del chocolate, ni tiene por qué producir diabetes o hiperactividad, ni tampoco ser una fuente inagotable de antioxidantes

“La mayor preferencia de los niños por lo dulce y la aversión por lo amargo, aunque a menudo es perjudicial en el entorno alimentario moderno, refleja su biología básica. Un mayor conocimiento de la variación del gusto debido tanto a la edad, como a la genética, arrojará luz sobre posibles estrategias para promover una alimentación más saludable, ya que las enfermedades crónicas se derivan en gran parte de una mala elección de alimentos dictada por las preferencias de sabor, y contribuirá a una nueva era de formulaciones de medicamentos diseñadas especialmente para el paladar de los niños”, señalan las investigadoras del estudio. Griselda Herrero recuerda en Psiconutrición (Arcopress, 2020), un libro escrito junto a la psicóloga Cristina Andrades sobre cómo se construye nuestra relación con la comida, que esta preferencia se da hasta los 5 o 6 años y desaparece sola si no hay influencias.

Por esta predilección hacia los sabores dulces, lo cierto es que el chocolate suele gustar a los niños. Sin embargo, si bien como apuntaban Griselda Herrero y Yolanda Anfrons conviene retrasar al máximo el consumo de este producto, como ocurre con muchos alimentos son múltiples los mitos que circulan en torno al consumo de chocolate en la infancia. Para Griselda Herrero es importante saber que ningún alimento es bueno o malo en sí mismo y en el caso del chocolate, ni tiene por qué producir diabetes o hiperactividad, ni tampoco ser una fuente inagotable de antioxidantes.

Chocolate en niños: cuándo, cómo y cuánto pueden tomar

“Es cierto que la teobromina (un tipo de cafeína) que contiene es estimulante y puede producir cierta irritabilidad o nerviosismo en niños. Sin embargo, no debemos elegir consumir chocolate por sus supuestas propiedades beneficiosas, ni pensar que es un veneno que nos matará. Ni una, ni otra. Digamos que no es imprescindible, que no es un producto del que debamos abusar, y que cuando lo consumamos que no sea porque se le atribuyan propiedades mágicas que no tiene”, explica.

El chocolate no crea adicción

También se suele decir que el chocolate crea adicción. Aunque muchas personas se declaran adictas al chocolate, esto es en realidad una expresión popular y no una patología, porque el chocolate no está considerado sustancia adictiva. Explica Griselda Herrero que, de hecho, ningún alimento es adictivo; la supuesta adicción la generan algunas sustancias contenidas en los alimentos, como es el azúcar. “Aunque no está catalogada como una adicción en sí misma, es cierto que el azúcar es capaz de activar el sistema de recompensa cerebral­ ­–un conjunto de áreas cerebrales que liberan serotonina, dopamina y otras hormonas relacionadas con la sensación de placer y bienestar, generando un mayor deseo por el consumo y una mayor tolerancia, algo muy similar a lo que ocurre con las drogas”.

“Jamás se debe premiar con comida –como el chocolate–, ni utilizarla como moneda de cambio de ningún tipo”

El problema para la dietista-nutricionista viene cuando además de este efecto neurofisiológico, añadimos el componente emocional: premios con dulces, asociaciones emocionales de comer este tipo de productos cuando estamos tristes o enfadados o aburridos, alteraciones de las percepciones de los sabores. “Se mezclan ambas cosas porque la asociación emocional también va a potenciar la liberación de hormonas "del placer", de forma que potenciamos el efecto aún más”, sostiene.

En este sentido, una buena educación nutricional, así como el cuidado de la salud mental desde la infancia, son las mejores herramientas para reducir el riesgo de incorporar este tipo de asociaciones. Según Herrero, “si desde muy pequeños les estimulamos con alimentos dulces y además los asociamos a felicidad, diversión o premios, la probabilidad de que se conviertan en un recurso fácil para gestionar las emociones es muy alta. Por tanto, jamás se debe premiar con comida, ni utilizar la comida como moneda de cambio de ningún tipo. La comida es comida, y sirve para nutrirnos. Otra cosa es que aprendamos a disfrutar comiendo, que no es lo mismo que comer para disfrutar”.

Recomendaciones a la hora de ofrecer chocolate a los niños

Cuidar la alimentación en la infancia es fundamental para cuidar la salud presente y futura de nuestros hijos. Para tener claro qué tipo de chocolate elegir, cuánto y cuándo ofrecérselo a un niño, Griselda Herrero y Yolanda Anfrons nos dan a continuación una serie de recomendaciones:

  • Consumo de chocolate de forma ocasional

    Consumo puntual

    Todos los tipos de chocolate son en sí mismos productos ultraprocesados cuyo consumo desplaza el consumo de alimentos frescos y nutritivos, considera Griselda Herrero. Por tanto, su consumo debe ser ocasional y puntual. 

  • Recomendaciones a la hora de ofrecer chocolate a los niños: chocolate negro

    Optar por cacaos más puros

    No obstante, de entre los tipos de chocolates, la experta considera que es preferible decantarse por aquellos que tengan mayor porcentaje de cacao y contengan la menor cantidad posible de azúcar o edulcorantes.

  • Recomendaciones a la hora de ofrecer chocolate a los niños: chocolate más puros

    Comparar ingredientes

    La legislación marca que un chocolate negro tiene que llevar un mínimo de un 70% de cacao y es recomendable escogerlo a partir del 85% (continuamos notando el dulzor), recuerda Yolanda Anfrons, dejando así menor espacio para el contenido de azúcar. “Cuando leemos una lista de ingredientes de un producto, siempre van ordenados de mayor a menor presencia, por tanto, si comparamos distintos chocolates del 85% de cacao será más beneficioso aún escoger el que como primer ingrediente lleve el cacao, el segundo la manteca y en tercer lugar el azúcar”.

    Entre los tipos de chocolates, la experta considera que es preferible decantarse por aquellos que tengan mayor porcentaje de cacao y contengan la menor cantidad posible de azúcar o edulcorantes

  • Evitar el chocolate blanco

    Chocolates a evitar

    Dos tipos de chocolate que son especialmente poco recomendables para Yolanda Anfrons son el chocolate blanco, “porque está hecho únicamente con azúcar, manteca y leche”, y los chocolates endulzados con edulcorantes, “ya que nos da la falsa sensación de que podemos darles más cantidad al no llevar azúcar, o en más frecuencia, y alteran la flora intestinal”.

  • Educa el paladar de los niños

    Educa su paladar

    ¿Por qué son recomendables los menos dulces? “Entre otras razones para no acentuar la apetencia que de por sí ya tenemos al dulce desde el nacimiento (leche materna); para no desplazar alternativas más saludables y dulces como frutas y verduras; y para que no se “llenen” con alimentos pobres, nutricionalmente hablando, que harán un flaco favor a su crecimiento”, explica Griselda Herrero.

  • Niña comiendo chocolate

    Sentido común

    Herrero también insiste en que, aunque haya unos tipos de chocolates más interesantes que otros, no se trata de prohibir su consumo, sino de hacer un uso moderado, adecuado y con sentido común del mismo. “Si estamos hablando realmente de un consumo puntual que no desplaza una alimentación saludable llena de nutrientes para los más pequeños (y los mayores), podemos consumir el tipo de chocolate que queramos”.

  • prohibido el chococolate con frutos secos para niños

    Cuidado con los bebés

    Por último, Anfrons recuerda que hay que evitar ofrecer chocolates con trozos de frutos secos en los niños menores de 6 años por el riesgo de atragantamiento.

Creado: 19 de mayo de 2021

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