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Tomar de manera habitual aceite de girasol o pescado daña el hígado

El uso de aceite de girasol o de pescado en la dieta de forma prolongada tiene como consecuencia una acumulación de grasa en el hígado, que puede deteriorar este órgano y derivar en una esteatohepatitis no alcohólica.
Escrito por: Natalia Castejón

26/01/2018

Aceite de girasol y pescado

El almacenamiento de este tipo de grasas puede derivar en una esteatohepatitis no alcohólica.

El consumo habitual de aceite de girasol o de pescado a lo largo del tiempo perjudica la salud del hígado y podría provocar alteraciones que condujesen al desarrollo de esteatohepatitis no alcohólica, una enfermedad que puede causar cirrosis, o incluso un cáncer de hígado, de acuerdo con las conclusiones de un estudio internacional publicado en el Journal of Nutritional Biochemistry, y que ha contado con la participación de miembros de la Universidad de Granada.

La investigación analizó los hígados de ratas –en cuyas dietas se habían incluido tres tipos diferentes de grasas: aceite de oliva virgen, de girasol, o de pescado– mediante técnicas como medir la longitud de los telómeros, un estudio completo del genoma hepático y el nivel de estrés oxidativo. Los resultados mostraron que la grasa se va acumulando en el hígado a medida que se envejece, sin embargo, el tipo de grasas que se ingieran determina la cantidad de este compuesto que se almacena en el órgano.

El aceite de oliva virgen es el único que protege el hígado y evita que acumule grasa en exceso

El aceite de oliva es el que más protege al hígado

José Luis Quiles Morales, uno de los autores del trabajo, ha afirmado que aquellos que toman más aceite de pescado y de girasol acumulan más cantidad de grasas, por lo que sus hígados llegan a la vejez menos sanos que los de aquellos que consumen aceite de oliva virgen. Este almacenamiento puede derivar en una esteatohepatitis no alcohólica, cuya prevalencia aumenta con la edad, desde un 3% en los niños, hasta un 40% en las personas mayores de 70 años.

De los tres tipos de aceites estudiados, el de girasol provocó en las ratas analizadas fibrosis, problemas estructurales, una alta oxidación y un bloqueo génico. El de pescado minimizó la actividad de la cadena de transporte electrónico de las mitocondrias, aumentó la oxidación propia del envejecimiento, y alteró la longitud de los telómeros, algo muy grave, ya que si se acortan pueden envejecer las células, y si se alargan pueden promover el desarrollo de cáncer.

Sin lugar a dudas, el aceite de oliva virgen fue el que más ayudó a preservar el hígado, según los investigadores, por lo que recomiendan llevar una dieta en la que predomine este tipo de grasa; de esta manera, se protegerá este órgano y se evitarán posibles problemas hepáticos.

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