Andar lento ligado a un riesgo cuatro veces mayor de morir por COVID-19

Las personas que caminan a un ritmo lento presentan hasta cuatro veces más riesgo de fallecer por COVID-19 y hasta el doble de probabilidades de tener una versión grave de la enfermedad, independientemente de su peso.
Escrito por: Natalia Castejón

17/03/2021

Andar lento: +riesgo de morir por COVID

Andar de manera lenta en el día a día aumenta hasta por cuatro el riesgo de fallecer por COVID-19 y por dos el riesgo de desarrollar la enfermedad de manera grave. Así lo ha revelado una investigación del Centro de Investigación Biomédica de Leicester del Instituto Nacional de Investigación en Salud (NIHR).

En este estudio, que se ha publicado en la revista International Journal of Obesity, se analizó la asociación entre el índice de masa corporal (IMC) y el ritmo de marcha con el riesgo de COVID-19 grave y las probabilidades de morir por esta enfermedad en un grupo de 412.596 participantes de 68 años de media.

Andar rápido podría mejorar la salud cardiovascular, lo que haría que el organismo sea más fuerte ante, por ejemplo, una infección viral

Los resultados del trabajo mostraron que los que andaban lento y tenían un peso normal presentaban 2,5 veces más riesgo de tener un COVID-19 grave y 3,75 veces más de probabilidades de fallecer como consecuencia del contagio con el SARS-CoV-2, en comparación con los caminantes rápidos con un IMC normal.

Andar rápido asociado a una mejor salud cardiovascular

“Ya sabemos que la obesidad y la fragilidad son factores de riesgo clave para los resultados de COVID-19. Este es el primer estudio que muestra que las personas que caminan lentamente tienen un riesgo mucho mayor de contraer resultados graves de COVID-19, independientemente de su peso”, explica Tom Yates, autor principal del estudio.

Además, también encontraron que los que andaban lentos y tenían peso normal tenían más riesgo de mortalidad por este coronavirus que los que andaban rápido y tenían obesidad. Esto, según los autores, podría deberse a que las personas que andan rápido suelen tener una mejor salud cardiovascular y cardiaca, que les hacen ser más resistentes a factores de estrés externos, como por ejemplo una infección viral.

Por todo ello, Yates aconseja que los especialistas de la salud pública consideren la incorporación de mediciones de aptitud física, como el ritmo de caminata autoinformado, y el IMC, ya que cree que podría ayudar a predecir el riesgo de los resultados de COVID-19, y “en última instancia, podrían permitir mejores métodos de prevención para salvar vidas”.

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