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La respuesta sensorial de los niños autistas afecta al estrés materno

Los niños con autismo muestran respuestas atípicas frente a estímulos sensoriales, como una falta de percepción de los más intensos, o una reacción exagerada a los más leves, que aumentan el estrés de sus madres.
Escrito por: Eva Salabert

26/03/2018

Madre hablando con su hijo autista

Los niños con autismo pueden mostrar respuestas atípicas frente a estímulos táctiles u olfativos.

La forma en la que los niños con un trastorno del espectro autista (TEA) responden a los estímulos sensoriales puede aumentar el nivel de estrés de sus madres, según ha revelado un estudio realizado por investigadoras españolas de la Universidad Autónoma de Madrid y de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido).

Los niños con autismo pueden mostrar respuestas atípicas frente a estímulos táctiles u olfativos; por ejemplo, puede parecer que no perciben este tipo de estímulos a pesar de que su grado sea intenso y, sin embargo,  mostrarse muy alterados y molestos frente a un sonido leve o un olor muy sutil, una conducta que estresa a sus progenitoras.

En la investigación, que se ha publicado en Journal of Intelectual Disability Research, se analizó la relación que tenía esta respuesta sensorial atípica con la conducta adaptativa –socialización, comunicación y habilidades para desenvolverse en la vida cotidiana– y los problemas de conducta, ya que aunque sí está ampliamente estudiado el impacto de los problemas de conducta de estos niños sobre el estrés materno, no se conoce bien cómo afectan a las madres las alteraciones de la función sensorial de sus hijos.

Las madres con más estrés eran aquellas cuyos hijos tenían una reacción exagerada frente a estímulos de baja intensidad, y trataban de evitarlos

Un umbral sensorial bajo en los hijos aumenta el estrés de las madres

Los resultados del trabajo revelaron que el nivel de estrés de las madres se podía predecir dependiendo del funcionamiento sensorial de sus hijos autistas, así, las que presentaban más estrés eran aquellas cuyos hijos presentaban un umbral sensorial bajo, es decir, que tenían una reacción exagerada frente a estímulos de baja intensidad, y trataban de evitarlos.

Las autoras del trabajo han explicado que se deberían incluir herramientas para valorar el funcionamiento sensorial de las personas con autismo en sus evaluaciones clínicas y educativas, porque esto contribuiría tanto a determinar cómo se les puede ayudar en este aspecto –por ejemplo controlando los niveles de olores, ruidos o estimulación táctil que experimentan–, como a identificar a las familias que puedan correr el riesgo de padecer mayores niveles de estrés por estas causas.

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