La calidad del sueño puede predecir el futuro riesgo de alzhéimer

La calidad del sueño puede ayudar a estimar el tiempo que pasará hasta que una persona desarrolle alzhéimer, según un estudio que muestra que una menor duración de la fase no-REM favorece la acumulación de beta amiloide.
Escrito por: Eva Salabert

04/09/2020

Chica durmiendo profundamente

El número de horas que dormimos y la calidad de nuestro sueño pueden ser indicadores del riesgo de padecer numerosos problemas de salud. Ahora, un nuevo estudio ha comprobado que un sueño fragmentado y con una menor duración de la fase no-REM se asocia a una mayor acumulación de beta-amiloide, una proteína involucrada en la aparición de alzhéimer, por lo que la forma en que duerme una persona puede ayudar a predecir el tiempo que tardará en desarrollar este tipo de demencia.

Un profundo y reparador descanso sería una de nuestras mejores defensas contra esta enfermedad neurodegenerativa, según sugieren los resultados del trabajo realizado por científicos de la Universidad de California Berkeley. Estos investigadores compararon la calidad del sueño de 32 adultos mayores sanos de entre 60 y 80 años de edad con la acumulación en sus cerebros de las placas tóxicas de beta-amiloide, responsables de la destrucción de las vías de la memoria y otras funciones cerebrales.

El sueño de mala calidad se asoció con acumulación de beta-amiloide

Para llevar a cabo el experimento, cada uno de los participantes pasó ocho horas durmiendo por la noche en el laboratorio del neurocientífico de la UC Berkeley Matthew Walker, durante las cuales era sometido a una polisomnografía, una prueba en la que se registran las ondas cerebrales, la frecuencia cardíaca, los niveles de oxígeno en sangre y otros indicadores de la calidad del sueño.

Los participantes con un sueño más fragmentado y menos tiempo en la fase de ondas lentas no-REM fueron los más propensos a mostrar un aumento de beta amiloide

Además, también se monitorizó periódicamente la tasa de crecimiento de la proteína beta-amiloide en el cerebro de estos individuos, empleando para ello PET (tomografía por emisión de positrones), y comparando sus niveles de beta-amiloide con sus perfiles de sueño.

Los resultados revelaron que los participantes que empezaron a experimentar un sueño más fragmentado y en el que pasaban menos tiempo en la fase de ondas lentas conocida como no-REM fueron los más propensos a presentar un incremento de beta-amiloide en el transcurso del estudio.

Aunque todos los participantes se mantuvieron en un buen estado de salud durante el periodo de seguimiento, el aumento de beta-amiloide se correlacionó con la calidad de su sueño, y los investigadores pudieron prever el aumento de placas de beta-amiloide que se cree que marca el comienzo del alzhéimer, por lo que los hallazgos sustentan la hipótesis de que la calidad del sueño es un biomarcador y un predictor de la futura aparición de esta enfermedad.

Joseph Winer, otro de los neurocientíficos que ha participado en esta investigación, ha explicado que si se demuestra que un sueño profundo y reparador puede ayudar a frenar el desarrollo del alzhéimer, deberíamos convertir este hábito saludable en una prioridad, y los médicos podrían preguntar a sus pacientes mayores sobre la calidad de su sueño y aconsejar un buen descanso como una estrategia de prevención.

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