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Bebés y niños
Los ojos del bebé
El 80% del aprendizaje y el desarrollo de los bebés precisa de la vista. Por tanto, es imprescindible que los padres estén atentos a cualquier anomalía o problema en los ojos de sus hijos desde el nacimiento.
Escrito por Carmen Moreno, Periodista especializada en Salud, Embarazo, Infancia y Tercera Edad

Alteraciones de la visión en el bebé

Desde bebés los ojos deben trabajar simultáneamente, sincronizados en los movimientos, y alineados. De este modo se consigue una visión binocular, que es una capacidad innata del ser humano que permite ver en tres dimensiones y calcular distancias, espacios y profundidad. Las alteraciones visuales más frecuentes en los bebés están relacionadas con dificultades en esta coordinación motora y sensorial de los ojos.

Estrabismo

Alrededor de un 4% de los niños padecen esta anomalía de la visión que consiste en la pérdida del paralelismo de los ojos. En los casos de estrabismo, los ojos no miran al mismo punto, sino que mientras uno fija la vista en un objeto el otro se desvía (dentro, fuera, arriba, o abajo). Cuando el estrabismo es llamativo constituye un defecto estético importante, pero lo realmente trascendental son los problemas visuales que conlleva. Cuando un ojo mira un objeto y el otro no, este último pierde habilidad y se convierte en vago, llegando a ser inservible.

En los primeros seis meses, los bebés pueden torcer uno o los dos ojos ocasionalmente, pero si este defecto continúa durante los siguientes meses se considera patológico, y requerirá de atención médica.

Cómo actuar: una vez que se ha establecido el diagnóstico de estrabismo el tratamiento debe iniciarse cuanto antes, y preferiblemente antes de los siete años, ya que después la recuperación de la función del ojo puede ser más complicada. Si se detecta precozmente, en la mayoría de los casos se recurre a la corrección óptica con gafas, a la oclusión con parches del ojo sano para obligar a trabajar al estrábico, y a ejercicios musculares. En ocasiones será necesaria la cirugía, pero se trata de una intervención sencilla y sin riesgo.

Ambliopía u ojo vago

El mecanismo visual es muy simple. Ambos ojos captan una imagen que llega al cerebro, pero para eso es necesario que los ojos trabajen juntos (visión binocular). En el caso de los niños con ambliopía, cada ojo capta una imagen distinta y el cerebro, para evitar que vea doble, escoge la imagen de uno de los ojos. Esto provocará que el ojo descartado por el cerebro no tenga un desarrollo adecuado por la falta de estímulo; además, tendrá distinta agudeza visual y se perderá parte de la visión en tres dimensiones.

Detectar este defecto visual en bebés no es fácil. Para tener alguna referencia, los especialistas explican que estos niños suelen tener dificultades para seguir con la vista un objeto en movimiento. Asimismo, ladean anormalmente la cara y tienen una leve bizquera.

Cómo actuar: ante estos signos se debe acudir al pediatra o al especialista, porque ya desde los primeros meses se puede diagnosticar el problema e instaurar un tratamiento adecuado. Generalmente, éste consiste en entrenar el ojo vago para recuperar la capacidad visual.

Retinopatía de prematuros

Los bebés prematuros, especialmente aquellos que no han alcanzado el kilo y medio al nacer, o los que han nacido antes de la semana 31 de embarazo, tienen mayor riesgo de sufrir una retinopatía. Esta alteración en los niños prematuros está provocada porque los vasos sanguíneos de la retina aún no han madurado, lo que conlleva una pérdida de visión y, en los casos más graves, ceguera.

Cómo actuar: se ha visto que el tratamiento precoz mejora considerablemente las probabilidades de que el bebé tenga una visión normal, por eso se aconseja realizar una revisión ocular a estos bebés al nacer o en las primeras semanas de vida.

Glaucoma congénito

Es un conjunto de enfermedades que provocan un aumento de la presión interna del ojo, dañando el nervio óptico, cuya función es transmitir la información visual al cerebro. El glaucoma congénito suele aparecer en los primeros meses de vida y, en algunos casos, se nace con ello. Algunos de los síntomas son lagrimeo y sensibilidad a la luz, pero también se percibe que la córnea está opaca, como borrosa. El problema del diagnóstico es que estos signos también suelen asociarse a enfermedades de menor importancia, y no siempre se consulta al oftalmólogo en primera instancia.

Cómo actuar: a pesar de que la prevalencia no es muy elevada, resulta preocupante, porque puede derivar en ceguera. El tratamiento es quirúrgico, y el pronóstico suele ser favorable si se trata a tiempo.

Actualizado: 30 de Agosto de 2017

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Escrito por:

Carmen Moreno

Periodista especializada en Salud, Embarazo, Infancia y Tercera Edad
Carmen Moreno

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Salud en cifras

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se ha multiplicado en 40 años el número de niños y adolescentes obesos en el mundo
'Fuente: 'Imperial College London y la Organización Mundial de la Salud (OMS)''

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