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¿Es el acaparamiento de animales un trastorno mental?

Acumular animales en casa se considera un subtipo de trastorno por acumulación, pero un nuevo estudio revela importantes diferencias entre las personas que acaparan un exceso de objetos y las que hacen lo mismo con seres vivos.
Acaparamiento de animales en una casa

Una de las causas de tener tantos animales es la pérdida de un ser querido.

27 de Septiembre de 2017

El trastorno por acumulación ha sido considerado durante años como un subtipo de trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), que se caracteriza por acaparar objetos de todo tipo en el hogar, con el convencimiento de que servirán para algo en algún momento de la vida. De hecho, se estima que alrededor del 30% de los pacientes con TOC llegan a desarrollar un trastorno por acumulación.

Sin embargo, estas personas perdían rápidamente el interés por sus objetos atesorados, y el tratamiento del TOC tampoco parecía ser muy eficaz en su caso, por lo que en 2013 los responsables del DSM (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) decidieron recalificar el trastorno por acumulación como una entidad diferente, estableciendo la acumulación de animales en el hogar como un subtipo de este problema psiquiátrico.

La acumulación de animales se inicia, por lo general, tras sufrir los afectados una experiencia traumática, como la pérdida de un ser querido o del trabajo

Ahora, una nueva investigación, que se ha publicado en Psychiatry Research, sugiere que la acumulación compulsiva de mascotas presenta características específicas respecto tanto a las motivaciones del afectado para tener este comportamiento, como para su posible tratamiento, que diferenciarían este desorden mental de otro tipo de conductas acumulativas (por ejemplo, del síndrome de Diógenes, en el que los pacientes almacenan todo tipo de objetos, por inútiles que sean, así como basura y desperdicios).

Cómo son las personas que acumulan animales y por qué lo hacen

El estudio incluyó a 33 adultos residentes en la ciudad brasileña de Porto Alegre, que acaparaban una inusual cantidad de animales en su vivienda, y a los que se interrogó sobre sus antecedentes familiares y estilo de vida. Estas personas tenían, de media, 41 animales cada una, siendo perros y gatos los más frecuentes, aunque algunos tenían incluso patos. El 75% de ellas disponían de bajos ingresos, el 88% no estaban casadas, y el 64% eran ancianas, aspectos que se consideran factores de riesgo para desarrollar conductas de acumulación.

Elisa Arrienti Ferreira, estudiante de doctorado en la Pontificia Universidade Católica Do Rio Grande Do Sul (Brasil), y una de las principales autoras del trabajo, observó que solo la mitad de estas personas acopiaban objetos además de animales, y que el 73% eran mujeres –pese a que la acumulación de animales se supone que afecta a ambos sexos por igual, y suele implicar que se almacenen también objetos–. Además, este tipo de conducta se iniciaba por lo general después de que los afectados hubieran sufrido un problema grave o una experiencia traumática, como la pérdida de un ser querido o del trabajo, por ejemplo, algo que no es habitual en otros trastornos de la acumulación.

Ferreira ha explicado que existen evidentes diferencias entre los individuos que acaparan animales y los que hacen lo mismo con objetos, y que también sus motivaciones son radicalmente distintas, ya que los primeros se consideran una especie de misioneros que salvan la vida de unos seres vivos a los que únicamente ellos pueden cuidar, mientras que los segundos guardan los objetos para cubrir potenciales necesidades futuras.

Aunque se trata de un pequeño estudio, sus resultados sugieren –según la investigadora– que el acaparamiento de animales debería ser considerada como un trastorno mental independiente, y propone que se realicen nuevas investigaciones que analicen sus bases neuropsicológicas, sus desencadenantes, y sus posibles tratamientos.

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