Podemos definir el esguince como el desplazamiento momentáneo de las superficies articulares. A grandes rasgos, es una luxación que, sin llegar a perder la congruencia de las caras articulares, sí presenta un mínimo desplazamiento de la unión articular durante un breve espacio de tiempo, retornando inmediatamente a su posición original. Se trataría de una torcedura articular traumática, que es dolorosa y produce inflamación en la zona afectada (tobillo, rodilla, dedos…). El esguince de tobillo es el más frecuente.

Durante esta fracción de segundo, en la que el arco de movilidad articular se ve superado más allá de los límites de su rango, los ligamentos y estructuras de fijación de la articulación sufren un sobreesfuerzo que se traduce en distensión, rotura e incluso arrancamiento. 

Infografía de un esguince

Por su parte, el sistema vascular y el tejido conectivo también se verán afectados, en mayor o menor medida, dando como resultado posibles derrames internos y edemas, respectivamente. Por tanto, la gravedad y consecuencias del esguince van a depender de la energía del traumatismo y de la fuerza o consistencia que tuviera dicha articulación.

Es un tipo de lesión muy frecuente, sobre todo en gente joven por la práctica deportiva debido a una mala pisada, mal movimiento o al uso de calzado inadecuado; pero también se observa en otras épocas de la vida donde la menor agilidad o la debilidad de las articulaciones pueden originar riesgo para padecerlo. Ocasiona un buen número de consultas médicas y, aunque no son un trastorno grave, suele generar costes sociosanitarios por el absentismo laboral que provocan.

Creado: 13 de diciembre de 2010

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