Rotura del ligamento cruzado
Un chasquido, un intenso dolor en la rodilla, dificultad para apoyar la pierna… son algunos de los síntomas más comunes ante una rotura de ligamento cruzado. Te explicamos cómo se trata esta lesión.

Qué es una rotura del ligamento cruzado

Actualizado: 24 de febrero de 2021

Un ligamento es un conjunto de fibras de colágeno en forma de banda y cuya función es limitar el movimiento de la articulación para que no sobrepase los límites anatómicos y biomecánicos. La estabilidad de la rodilla está asegurada por cuatro ligamentos: los ligamentos cruzados anterior y posterior y los ligamentos laterales interno y externo.

La lesión más importante es la rotura del ligamento cruzado anterior (LCA), cuya función es evitar que la tibia se desplace hacia delante con respecto al fémur. Este ligamento consta de dos estructuras que se cruzan en el interior de la rodilla y se encargan de unir la tibia con el fémur proporcionando estabilidad en los movimientos de extensión y flexión.

Causas de una rotura de ligamentos cruzados

La lesión de los ligamentos cruzados está causada por un cambio brusco de dirección de la rodilla, una desaceleración exagerada o una contusión. Puede darse, por ejemplo, cuando se apoya mal la extremidad tras un salto, se realiza un giro brusco con el pie apoyado fuertemente, cuando se frena precipitadamente durante una carrera o cuando se recibe un golpe directo tras un choque o una entrada. La rotura del ligamento cruzado anterior es la más frecuente.

Rotura del ligamento cruzado

Este tipo de lesión es habitual verla en deportistas que realizan deportes como el baloncesto, esquí, fútbol, fútbol americano o ciclismo, e incluso los que practican gimnasia o artes marciales; o en otras palabras, afecta más a los atletas que someten a su tren inferior sobreesfuerzos continuos o a cambios bruscos de ritmo o de la dirección del movimiento de esta compleja articulación.

Se trata de una lesión complicada, que requiere de una larga recuperación y en la que no siempre es factible recuperar al cien por cien la movilidad que se tenía en la rodilla antes de producirse el percance.

El uso de un calzado inadecuado, fijaciones en mal estado o que no se ajustan bien (como en el caso del esquí), practicar un deporte sobre superficies de césped artificial (como en el caso del fútbol) o un mal acondicionamiento físico pueden ser factores que predispongan a sufrir esta lesión en la rodilla. 

Creado: 1 de septiembre de 2011

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