Obsesiones, cómo salir de su laberinto
El cerebro no descansa y ciertos pensamientos rumiantes pueden llegar a obsesionarnos. Te explicamos cómo se generan y cómo aprender a controlar y gestionar las obsesiones para evitar que condicionen nuestra vida.

Cómo gestionar los pensamientos obsesivos

Actualizado: 13 de diciembre de 2019

Las personas con un estilo de pensamiento muy rumiativo frecuentemente se abandonan al malestar que les produce la obsesión, lo que interfiere en su vida y su toma de decisión a nivel personal y profesional. Sin embargo, el pensamiento obsesivo se puede controlar manejando unas sencillas estrategias. Para dominarlas, te ofrecemos un pequeño manual de instrucciones que te ayudará a gestionar los pensamientos obsesivos:

  • Aprende a diferenciar una obsesión normal de una patológica: las primeras surgen ante dificultades cotidianas (relacionadas por ejemplo con un problema laboral, o una decisión importante para ti como la compra de una vivienda o un cambio de empleo), duran pocos días, y a pesar de que te causen malestar no interfieren en tu vida diaria y, en mayor o menor medida, puedes controlar el tiempo que les dedicas. Al no causar un malestar demasiado intenso, no solemos poner en marcha ningún tipo de comportamiento dirigido a neutralizarlas.

    Las obsesiones patológicas, por el contrario, se refieren a ideas más raras o extravagantes (por ejemplo miedo a hacerse daño a uno mismo, o a otra persona, dudas persistentes…) que el afectado no consigue eliminar de su cabeza y le causan un malestar intenso que interfiere de forma importante en su vida, por lo que para eliminarlo adopta una conducta que recibe el nombre de compulsión (por ejemplo comprobaciones reiteradas, contar hacia atrás, repasar cada uno de sus actos, etcétera).
  • Identifica premisas imaginarias: una pista, si tu idea empieza por “Y si…” es porque no está pasado, sino que eres tú quien se está obsesionando y, de paso, sugestionando. Al menos, tenlo en cuenta para que puedas analizar adecuadamente tus miedos.
  • Intenta no luchar contra la idea que te obsesiona: este hecho hará que cobre fuerza. El truco está en no preocuparte por ella, en no obsesionarte por estar obsesionado. En su lugar, intenta comprenderla. Para ello empieza preguntándote dónde está la amenaza. Como hemos dicho, la obsesión aparece cargada de ansiedad, y cuando hay ansiedad es porque detectamos una amenaza aunque no exista. ¿Qué temes realmente?
  • Dedícale un tiempo: si algo te preocupa tanto, dedica un tiempo a analizarlo. Ese tiempo puede ser personal (hablarlo contigo mismo), o compartirlo hablando con otro. Pero un tiempo no son días, ni semanas; un tiempo, debe ser un espacio razonable para que te sientas seguro de que tu obsesión se ha analizado de forma adecuada. En ese sentido, si la obsesión se asocia con una decisión que has de tomar, intenta marcarte una fecha tras la que no tiene sentido buscar más opciones.
  • Cuestiona tu desazón: si la obsesión te causa mucho malestar pregúntate para qué te ayuda ese malestar. Verás que la respuesta es para nada y que, en muchos casos, incluso, interfiere en tu vida e impide que inicies las acciones necesarias para resolver la situación. Si es así, busca una interpretación más razonable a tu pensamiento. Te darás cuenta de que tu pensamiento es más sano cuando se reduce tu nivel de malestar.
  • Busca ayuda profesional: si tu obsesión conlleva importantes niveles de ansiedad, la experimentas de forma intrusiva, y debes poner en marcha algún acto o comportamiento para eliminarla, consulta a un especialista para descartar que exista una patología emocional asociada.

Creado: 13 de diciembre de 2019

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