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Los adultos jóvenes con autismo tienen más riesgo de depresión

Los jóvenes con TEA, sobre todo aquellos sin discapacidad intelectual, tienen más posibilidades de padecer depresión, según un estudio británico, que apunta que sus hermanos también tienen más riesgo de depresión.

14/09/2018

Chica adolescente con problemas de depresión

Foto de Freepik ©jcomp

Las personas que presentan Trastorno del Espectro Autista (TEA) tienen tres veces más posibilidades de sufrir una depresión en su adultez joven que los adultos sin esta patología. Una investigación de la Universidad de Bristol (Reino Unido), publicada en Jama Netsork Open, ha concluido que la depresión afecta a casi un 20% de los jóvenes con autismo, una proporción que duplica a la que se observa en sus hermanos y triplica la que se ve en la población general.

Para el estudio se analizaron a 223.842 individuos entre 18 y 27 años, entre los que se incluían hermanos, todos ellos residentes en la provincia de Estocolmo (Suecia). De estos, 219.769 no tenían TEA; 4.073 estaban diagnosticados con TEA, 2.927 no presentaban discapacidades intelectuales y 1.146 tenían algún problema de capacidad cognitiva. Al 19,8% de los jóvenes con autismo se le diagnosticó depresión, mientras que solo el 6% de los jóvenes sin TEA presentaron cuadros depresivos.

La depresión afecta en un porcentaje más alto a las personas autistas sin discapacidad intelectual

Entre las personas que manifestaban autismo, curiosamente la depresión fue más común en aquellas sin discapacidad intelectual (un 24,1%). También presentaban un riesgo mayor de depresión que la población general los hermanos y hermanastros de los chicos autistas, confirmando estudios anteriores que apuntaban a que manifestaban una mayor carga de trastornos afectivos. 

Retrasos en el diagnóstico del TEA

Para los investigadores, este estudio ha servido también para sacar a la luz uno de los problemas principales del autismo: el frecuente retraso en el diagnóstico. A la mitad de las personas con TEA, primero se les diagnosticó depresión y luego autismo. Lo que pone en evidencia que muchos pacientes no están identificados, sobre todo si no tienen una discapacidad intelectual, y que solo cuando presentan algún problema psiquiátrico reciben la atención neurológica necesaria.

Para los autores de este trabajo, estos resultados pueden ayudar a prevenir la depresión en las personas diagnosticadas con TEA, explicándoles cuáles son sus dificultades y buscando apoyo en los profesionales adecuados.

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