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Bebés y niños
El bebé con síndrome de Down
La crianza de un bebé con síndrome de Down está condicionada por características físicas y mentales que pueden afectar a su desarrollo. Te explicamos todo lo necesario para un mejor cuidado desde el nacimiento.
Escrito por Amparo Luque, Periodista experta en embarazo e infancia

Problemas de salud en el niño con síndrome de Down

Además del grado de discapacidad intelectual (que es variable en cada caso, siendo mayoritariamente ligero o moderado), “a nivel de salud, el problema son las patologías que habitualmente se asocian al síndrome de Down”, señala el experto en salud de la Federación Española de Síndrome de Down (Down España), Pepe Borrel. El exceso de carga genética que presentan las personas con trisomía 21 hace que se genere un desequilibrio en el modo en que los genes dirigen y regulan el desarrollo y las funciones de diversos aparatos, órganos y sistemas del cuerpo; lo que los hace más propensos a padecer ciertos trastornos o enfermedades. No tiene por qué ser siempre así, pueden ser niños con una salud bastante buena o con problemas de salud leves, pero el objetivo es conocer lo que les puede suceder para minimizarlo, tratarlo, aliviarlo y, siempre que sea posible, prevenirlo.

“La detección precoz y el tratamiento harán posible que se compensen los efectos adversos”, remarca el doctor Borrel. Muchos de los problemas de salud tendrán una resolución sencilla, pero otros requerirán medicación, algunos fisioterapia y, en ciertos casos, serán necesarios tratamientos más complicados o incluso cirugía. Lo fundamental es hacer exploraciones y controles de salud periódicos.

También debes tener en cuenta que tu hijo puede tener más dificultad para avisarte de que se encuentra mal y explicarte lo que le pasa. Es más, se ha comprobado que muchas de las personas con síndrome de Down tienen reducida la sensibilidad a ciertos tipos de dolor.

Así pues, hay que prestar atención a:

  • Problemas cardíacos: alrededor de la mitad de los niños con síndrome de Down nace con este tipo de problemas. Sin embargo, tal y como indica Isidoro Candel, experto en Atención Temprana de Down España “la cardiopatía es un problema que se detecta muy pronto; generalmente las intervenciones quirúrgicas se hacen en los primeros meses y la evolución del niño es positiva”.
  • Problemas de crecimiento: la talla baja o corta es un rasgo característico de la trisomía que se relaciona con el déficit de la hormona del crecimiento y también con ciertas patologías o problemas nutricionales. Así, hay que vigilar el peso y la talla durante los primeros años de vida, atendiendo a las tablas de crecimiento específicas para el síndrome de Down.
    Las alteraciones de la glándula tiroides es otro factor que influye en el crecimiento (y también en la función cognitiva), siendo habituales los casos de hipotiroidismo en las personas con trisomía.
  • Problemas de oído y nariz: es frecuente que el bebé tenga infecciones del oído (otitis), que se le formen tapones de cerumen (debido a que tiene estrechos los conductos), así como que presente problemas de audición, que pueden repercutir sobre el desarrollo del lenguaje y también alterar la conducta. Se recomienda efectuar en los seis primeros meses de vida una detección precoz de la hipoacusia (pérdida de capacidad auditiva).
    Por otro lado, la oclusión congénita del conducto lacrimonasal aparece en el 5-6% de los lactantes y se manifiesta como lagrimeo y secreción antes del mes de edad.
  • Problemas respiratorios: son comunes el asma, los catarros y otras infecciones que afectan a las vías respiratorias, el ronquido, y el síndrome de apnea del sueño. Este último síndrome se produce por la obstrucción de las vías respiratorias, lo que se ve favorecido por las características físicas típicas del síndrome de Down (cuello corto, hipotonía de la lengua o hipertrofia de adenoides…). Con ello se generan múltiples despertares y, en consecuencia, no se logra un sueño reparador.
  • Problemas visuales: la gran mayoría de los niños con síndrome de Down llevan gafas. Y es que el 75% de las personas con trisomía 21 presenta problemas oculares, siendo los más frecuentes el estrabismo, la hipermetropía y la miopía. Las cataratas pueden ser congénitas (estar presentes desde el nacimiento), o desarrollarse a lo largo de la vida pero, al igual que el glaucoma, pueden ocurrir durante la infancia. Por tanto, todos los niños con síndrome de Down deben pasar un examen oftalmológico en profundidad en el segundo año de vida (incluyendo refracción y fondo de ojo) y nuevamente a los cuatro años: si la hipermetropía no se ha desarrollado a esta edad, es improbable que lo haga posteriormente. Después se debe evaluar la vista al menos cada dos años.
  • Problemas odontológicos: este ámbito es especialmente complicado, ya que está condicionado fisiológicamente. Las personas con síndrome de Down tienen los músculos orofaciales más débiles, lo que genera esa posición de la boca entreabierta que les caracteriza, sumado a un desplazamiento anterior del labio inferior. El tamaño del interior de la boca también está reducido y, por eso, la lengua parece mayor (macroglosia).

Partiendo de aquí, es habitual que tengan problemas odontológicos como gingivitis (encías inflamadas y que sangran con facilidad), periodontitis (la infección avanza de la encía al hueso), maloclusión y bruxismo (rechinar de dientes). La gingivitis es muy frecuente, sobre todo en los niños de 3 a 9 años, al igual que el bruxismo, que suele ser más intenso durante el día que por la noche.

Además, los niños con síndrome de Down presentan un retraso en la erupción dentaria, por causa genética. Su primer diente de leche suele aparecer a los 14-18 meses, mientras que el resto de los niños ya lo tienen a los 6 o 7 meses. Y la dentición permanente comienza sobre los 8 años, frente a los 6 años del resto de pequeños. El tamaño de los dientes de los niños con trisomía, en comparación con el resto de niños, es mayor en los dientes de leche y menor en la dentición permanente.

A todos estos problemas es habitual que se sumen otros óseos y articulares como caderas inestables, luxaciones, pies planos o escoliosis; intestinales, dermatológicos como xerosis (piel seca) o alopecia areata, y también neurológicos.

Y por último destacar que, aunque hay menos casos de cáncer en las personas con síndrome de Down, la leucemia es una excepción y es frecuente en la edad infantil (incluso antes de los tres años de vida), y algunos estudios indican que su incidencia es hasta 30 veces superior en los niños con trisomía comparados con la población general de su misma edad.

Vacunas y síndrome de Down

La vacunación es un recurso bastante eficaz de prevención de un buen número de enfermedades, infecciones y sus recurrencias que suelen sufrir las personas con síndrome de Down, particularmente durante la infancia (principalmente del tracto respiratorio). Y es que a este síndrome suele ir asociada una inmunodeficiencia multifactorial, teniendo en cuenta, además, que hay ciertos factores reductores de la inmunogenicidad de las vacunas como la obesidad o la celiaquía.

Así pues, la Federación Española Síndrome de Down (FEISD) y la Fundación Catalana Síndrome de Down (FCSD), con la colaboración y consenso del Comité de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP) y la Asociación Española de Vacunología (AEV), han elaborado un calendario de vacunaciones propio para las personas con síndrome de Down, que debe considerarse como complementario de los calendarios de vacunaciones vigentes en España, en especial del de la AEP, en el que se ha basado. De este modo, hay recomendaciones específicas como, por ejemplo, que las vacunas antineumocócica y la de la hepatitis A, hasta ahora no incluidas o solo incluidas en algunos calendarios de vacunación infantil autonómicos, están especialmente indicadas en las personas con trisomía y se les debería administrar de forma sistemática, ya que el síndrome de Down se considera un factor de riesgo para desarrollar una enfermedad neumocócica invasiva. Los niños con este síndrome sufren con frecuencia otitis media aguda, sinusitis y neumonías, siendo el neumococo el principal responsable de estos procesos. La recomendación de este calendario es comenzar la vacunación a los dos meses de vida.

En cuanto a la hepatitis A, la asistencia habitual de los niños con síndrome de Down a centros especializados favorece la trasmisión horizontal del virus que causa esta enfermedad. Además, podría darse una coinfección en pacientes con hepatitis B crónica (a la que el predispone el síndrome de Down), que adquiriría una especial gravedad. En este caso se aconseja empezar la vacunación a los 12 meses de edad.

Por último, destacar que es fundamental cumplir las pautas vacunales sistemáticas establecidas en cada comunidad de forma estricta.

Actualizado: 31 de Julio de 2017

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Escrito por:

Amparo Luque

Periodista experta en embarazo e infancia
Amparo Luque

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Salud en cifras

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se ha multiplicado en 40 años el número de niños y adolescentes obesos en el mundo
'Fuente: 'Imperial College London y la Organización Mundial de la Salud (OMS)''

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