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La carne roja y procesada puede fomentar la aparición de hígado graso

Comer de manera habitual carnes rojas o procesadas aumenta las probabilidades de desarrollar hígado graso y resistencia a la insulina. Un riesgo que se incrementa si la carne se cocina asada o frita, y muy hecha.
Escrito por: Natalia Castejón

23/03/2018

Carne roja procesada

Se debe moderar el consumo de carnes rojas e intentar sustituirlas por carnes blancas.

Muchos estudios han puesto en el punto de mira a las carnes rojas y procesadas al considerarlas nocivas para la salud. Existen evidencias científicas de que el consumo habitual o excesivo de este tipo de alimentos pueden provocar diabetes tipo 2, cáncer de mama, cáncer colorrectal e insuficiencia cardiaca, y ahora un grupo de investigadores de la Universidad de Haifa, en Israel, ha descubierto que su consumo frecuente también puede causar esteatosis hepática no alcohólica (EHNA) o hígado graso.

Las conclusiones del estudio, que ha sido publicado en Journal of Hepatology, también indican un aumento de las probabilidades de desarrollar resistencia a la insulina como consecuencia del hígado graso, un riesgo que se ve incrementado según el tipo de preparación a la que se haya sometido a la carne. Al cocinarla hasta que está bastante o muy hecha, mediante la fritura, el asado o la parrilla, se producen unos compuestos que se conocen como aminas heterocíclicas, que son proinflamatorias, por lo que pueden dañar al hígado, e incluso al ADN, explican.

Al cocinar demasiado la carne roja se producen aminas heterocíclicas, unos compuestos proinflamatorios que pueden dañar al hígado

Los autores de la investigación analizaron el consumo de carne y sus preparaciones en 789 personas de entre 40 y 70 años de edad, desde 2013 hasta 2015, y les realizaron colonoscopias, ecografías hepáticas, el modelo homeostático (HOMA) –que indica la presencia de resistencia a la insulina–, y otras pruebas, para detectar posibles problemas en el hígado o en el metabolismo.

Sustituir la carne roja por pavo, pollo, o pescado

En el transcurso del estudio el 38,7% de los miembros de la muestra fueron diagnosticados con esteatosis hepática no alcohólica, y el 30,5% desarrollaron resistencia a la insulina. Además, llevar una dieta rica en carnes rojas y procesadas se asoció con más probabilidades de sufrir estos problemas de salud, independientemente de otros factores de riesgo como el consumo de grasas saturadas y colesterol, o tener un IMC (índice de masa corporal) elevado.

Según Shira Zelber-Sagi, principal autora del estudio, aunque la carne contiene proteínas, zinc, hierro y vitamina B12, que son beneficiosos para la salud, debe moderarse su consumo e intentar sustituirlo por carnes blancas, como puede ser el pavo, el pollo, o el pescado, o cocinarlas de forma más saludable, como al vapor.

Es importante saber que la esteatosis hepática no alcohólica es una enfermedad que se ha asociado directamente con el estilo de vida. Por ello, y según la investigación, la falta de ejercicio físico y el abuso de grasas saturadas y fructosa, que caracterizan los hábitos de vida occidentales, aumentan la predisposición a padecer algún problema en el hígado.

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