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La depresión persistente sin tratar provoca cambios en el cerebro

La depresión que persiste durante años causa una inflamación en el cerebro similar a la de las enfermedades neurodegenerativas, lo que sugiere que el trastorno ha progresado y necesita un tratamiento diferente.
Escrito por: Eva Salabert

02/03/2018

Persona con depresión

Tener depresión durante más de diez años sin recibir tratamiento provoca una mayor inflamación en el cerebro.

Una nueva investigación ha descubierto que las personas que padecen depresión durante más de diez años sin recibir tratamiento experimentan una mayor inflamación en el cerebro que los que han permanecido menos tiempo sin tratar. El exceso de inflamación se relaciona con diversas enfermedades degenerativas, por lo que los autores del trabajo indican que es necesario cambiar la concepción actual sobre la progresión de este trastorno mental.

En el estudio, que se ha publicado en The Lancet Psychiatry y ha sido liderado por Jeffrey Meyer, del Centro de Adicción y Salud Mental de Toronto (Canadá), han participado 25 pacientes que padecieron depresión durante más de una década, otros 25 que sufrieron el mismo trastorno pero menos tiempo, y 30 personas sanas que se consideraron como grupo de control.

Los cambios en la inflamación cerebral muestran que cuando la depresión es de larga duración puede ser progresiva, y no estática

Las células de la microglía intervienen en la respuesta inflamatoria normal ante las lesiones y, cuando se activan, sintetizan una mayor cantidad de proteína translocadora (TSPO), un indicador de la presencia de inflamación que puede observarse con la tomografía por emisión de positrones (PET), que fue la prueba que utilizaron los investigadores para medir la inflamación cerebral de los participantes.

La depresión, una enfermedad progresiva

Los resultados mostraron que en las personas con depresión persistente sin tratar los niveles de TSPO eran alrededor de un 30% superiores en algunas zonas del cerebro. Estos hallazgos, según los autores del trabajo, constituyen la primera evidencia biológica de que la depresión de larga duración se relaciona con alteraciones cerebrales significativas y que, por tanto, se trata de una fase distinta de la enfermedad, y necesita opciones terapéuticas diferentes.

Meyer ha explicado que el aumento de la inflamación en el cerebro caracteriza a las enfermedades neurodegenerativas, como el alzhéimer o el párkinson, a medida que progresan. Aunque la depresión no está considerada una patología degenerativa, los cambios en la inflamación cerebral muestran que cuando es de larga duración puede ser progresiva y no estática. A pesar de ello, señala Meyer, el trastorno depresivo mayor se aborda de forma similar independientemente del tiempo que lleve enfermo el paciente. Por ello, este experto investiga otras alternativas terapéuticas para emplear en estas fases posteriores de la enfermedad.

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