El microbioma intestinal de los niños con autismo es diferente

Los niños con autismo parecen tener una variedad y cantidad de bacterias intestinales (microbioma) característico y poco desarrollado, que no se relaciona con su tipo de dieta, lo que podría ser útil para un tratamiento precoz.
Escrito por: Eva Salabert

28/07/2021

Microbioma de niños con autismo difiere

Los niños con un trastorno del espectro autista (TEA) tienen una cantidad significativamente menor de bacterias intestinales asociadas a la actividad de los neurotransmisores y cinco especies de bacterias que no se encuentran habitualmente en el intestino de los niños sin esta condición, según revela un pequeño nuevo estudio publicado en la revista Gut.

Estas diferencias en la variedad y el volumen de bacterias intestinales (microbioma), que está poco desarrollado y es distintivo en estos niños, no está relacionado con el tipo de alimentación que toman, por lo que los hallazgos sugieren que puede existir un perfil microbiano intestinal característico del autismo que podría facilitar el desarrollo de un tratamiento precoz de la enfermedad, según los autores del trabajo.

“Los cambios en la microbiota intestinal durante el desarrollo temprano de la vida pueden tener importantes papeles funcionales en la patogénesis del trastorno del espectro autista”

Ya se sabía que los factores genéticos influyen en la aparición de los TEA, pero también se consideraba que la composición bacteriana de la flora intestinal podía desempeñar un papel clave en estos trastornos o en sus síntomas. Las evidencias sugieren que la vía entre las bacterias del intestino y el sistema nervioso central, lo que conocemos como eje intestino-cerebro, tiene un gran impacto sobre las conductas sociales.

La composición del microbioma intestinal difiere en niños con autismo

El diagnóstico de los TEA puede ser complicado y retrasarse en el tiempo debido a que no existen pruebas médicas determinantes y se diagnostica a los niños en base a la evaluación del médico. Por esta razón, el objetivo de los investigadores era comprobar si el microbioma de los niños con autismo de tres a seis años difería de forma significativa del de los niños de la misma edad con un desarrollo típico, ya que esto podría facilitar un tratamiento temprano del trastorno.

Emplearon muestras de heces de 128 niños chinos, 64 de los cuales padecían TEA y otros 64, no, para comparar la variedad, el volumen y las funciones asociadas de las bacterias en las mismas. La edad, el autismo y el índice de masa corporal (IMC) fueron los factores que se asociaron con mayor fuerza e independencia a la composición del microbioma en las muestras de heces, mientras que la dieta no constituyó un factor de influencia.

En las muestras de heces de los niños con autismo había mayor variedad de microbios que en las de los niños de la misma edad y peso que no presentaban el trastorno

Observaron que en las muestras de heces de los niños con autismo había mayor variedad de microbios que en las de los niños de la misma edad y peso que no presentaban el trastorno. En concreto, Clostridium, Dialister y Coprobacillus estaban enriquecidos en los niños con autismo, mientras que Faecalibacterium estaba disminuido de forma significativa.

Varias especies de Clostridium enriquecidas en los niños con autismo interactuaban estrechamente entre ellas formando un grupo conectado. Las especies de Clostridium se han relacionado con el autismo mediante la producción de toxinas clostridiales que pueden deteriorar el sistema nervioso central, destacan los investigadores.

Estos científicos comprobaron que la composición del microbioma intestinal de los niños con autismo difería sustancialmente de la de los niños sin esta condición, con cinco especies bacterianas que justificaban en gran medida la diferencia: Alistipes indistinctus; la división candidata_TM7_ isolate_TM7c (organismo unicelular); Streptococcus cristatus; Eubacterium limosum; y Streptococcus oligofermentans.

Estudiar el microbioma puede facilitar el diagnóstico del autismo

Las diferencias encontradas se confirmaron en otro grupo de 18 niños, ocho con autismo y 10 sin TEA. Además, las bacterias asociadas a las actividades de los neurotransmisores estaban sustancialmente disminuidas en los niños con autismo. En total se identificaron alrededor de 26 especies bacterianas que representaban el típico desarrollo del microbioma intestinal con la edad. Pero los niños autistas carecían de dichas asociaciones, lo que según los investigadores sugiere un desarrollo anormal del microbioma intestinal durante los primeros años de vida de estos niños.

“Nuestro estudio muestra por primera vez que la microbiota intestinal de los niños con autismo está anormalmente desarrollada y va por detrás de la de sus semejantes de la misma edad”

Aunque se trata de un pequeño estudio y el microbioma intestinal puede variar dependiendo de la región geográfica analizada, los investigadores afirman: “Nuestro estudio muestra por primera vez que la microbiota intestinal de los niños con autismo está anormalmente desarrollada y va por detrás de la de sus semejantes de la misma edad”.

Y añaden: “como el desarrollo de las comunidades microbianas en el tracto gastrointestinal durante la infancia representa una ventana crítica del crecimiento y la salud humana, los cambios en la microbiota intestinal durante el desarrollo temprano de la vida pueden tener importantes papeles funcionales en la patogénesis del trastorno del espectro autista y, por lo tanto, se justifica una amplia investigación”.

Y concluyen que el “estudio apoya el papel potencial de la predicción no invasiva del trastorno del espectro autista basada en los marcadores de las bacterias fecales y el perfil de desarrollo de las bacterias relacionado con la edad”.

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