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Un fármaco contra el cáncer mejora la interacción social en el autismo

La romidepsina, que se usa en el tratamiento del cáncer, ha resultado eficaz para prevenir los problemas de comunicación e interacción social que provoca el autismo, en un estudio con ratones.
Escrito por: Eva Salabert

15/03/2018

Chica con problemas de autismo

Se podrían evitar los problemas de interacción social que provoca el autismo con una mínima dosis de romidepsina.

Administrar una pequeña dosis de romidepsina, un fármaco aprobado para tratar el cáncer, ha logrado revertir las dificultades de interacción social características de los trastornos del espectro autista (TEA) en un modelo animal (ratones con un déficit en un gen denominado Shank 3, que es un factor de riesgo clave para desarrollar autismo), según un estudio que se ha publicado en Nature Neuroscience.

El efecto de la terapia con este medicamento duró tres semanas, comprendiendo la etapa que va hasta el final de la adolescencia, que constituye un momento vital clave para desarrollar las habilidades comunicativas y sociales. Este periodo de tiempo equivaldría a varios años en la vida de una persona, por lo que los autores del trabajo consideran que un tratamiento similar podría tener efectos de larga duración en los seres humanos.

Una pequeña dosis de romidepsina restauró la expresión y la función génica de la mayoría de los 200 genes que habían sido suprimidos en el modelo animal de autismo

El estudio se ha basado en una investigación anterior, que había revelado que la pérdida del gen Shank 3 interrumpía la comunicación entre las neuronas porque afectaba a la función del receptor NMDA (n-metil-D-aspartato), que interviene en la regulación cognitiva y emocional, que son las principales deficiencias sociales que presentan las personas con TEA.

Restaurar los genes que intervienen en la comunicación neuronal

Los autores del nuevo trabajo, investigadores de la Universidad de Buffalo (UB), en Estados Unidos, comprobaron que podían evitar los problemas de interacción social que provoca el autismo con una mínima dosis de romidepsina, porque esta sustancia era capaz de restaurar la expresión y la función génica de la mayoría de los 200 genes que habían sido suprimidos en el modelo animal de la enfermedad que utilizaron, y que afectaban a la comunicación neuronal.

Como ha explicado Zhen Yan, profesora en el Departamento de Fisiología y Biofísica en la Escuela Jacobs de Medicina y ciencias Biomédicas de la UB, el autismo conlleva la pérdida de muchos genes, y para revertir los déficits sociales es necesario que el compuesto utilizado afecte a una serie de genes que intervienen en dicha comunicación neuronal, lo que han conseguido con el medicamento, que además no ha causado efectos secundarios apreciables.

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